La ideología patriarcal (machismo) es la causa esencial de los feminicidios y todo tipo de violencia contra niñas, adolescentes y mujeres adultas. Es una ideología criminal, negadora de los derechos, incluido el derecho a la vida, de los seres humanos de sexo femenino.
Ella empapa todo el sistema educativo… y este gobierno, su ministro del ramo y su presidente, al derogar la ordenanza para impartir educación de género, por presiones de iglesias de corte fascistoide, ha decidido darle continuidad al predominio de esa trágica concepción de la vida y de los vínculos entre los seres humanos.
En la cultura que emana el poder constituido domina la ideología patriarcal y se reproduce y se expande constantemente vía la enseñanza pública y privada como un sistema de ideas que le sirve de sustentación a la milenaria supremacía masculina, siempre adecuada al contexto particular de las diversas formaciones económico-sociales.
El patriarcado precede al capitalismo y lo acompaña en sus tiempos de modernidad, postmodernidad y decadencia; resultando funcional al interés de la burguesía de maximizar ganancias y convertir todo en mercancía, incluso el cuerpo de la mujer. Es una plataforma de conceptos que facilita la sobre-explotación de las mujeres y su subordinación a los hombres en relaciones de pareja, familia y sociedad.
Que estimula y sistematiza su maltrato bajo el criterio de considerarlas “propiedad” de los machos y “seres inferiores” al servicio de poderes masculinizados a cargo del gran capital, iglesias y Estado que las reducen a instrumentos de placer sexual, “amas de casa”, material de cocina, trabajadoras no remuneradas (en materia del cuido de hogares e hijos/as) o inferiormente remuneradas (en la generalidad de las asalariadas).
Esa plataforma nutre la discriminación que gravita sobre el componente femenino y, en consecuencia, genera también desigualdades, negación oportunidades, maltrato físico-psicológico, torturas, burlas, acoso, violaciones, golpizas y feminicidios; arguyendo siempre una diferencia natural que condena a las mujeres a la subordinación y la negación de los derechos como seres humanos.
La opresión patriarcal gravita en todas las edades y ámbitos sociales, y conlleva asignación forzada de roles sociales diferenciados, siempre en perjuicio de la población femenina; incluida doble y triple explotación, desconocimiento del trabajo doméstico como generador de riquezas y ganancias a favor del capital, mercantilización del cuerpo y escandalosas supremacías masculinas en todas las relaciones de poder.
La ideología patriarcal fomenta el odio a la homosexualidad, al lesbianismo y la transexualidad; odio permanentemente potenciado por fundamentalismos religiosos que niegan la libertad de opción sexual, aplastan derechos de la mujer. Negarse a contrarrestar esas ideas es realmente criminal.
jpm-am


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