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El presidente Danilo Medina podría ser un hombre “bonachón”, o tal vez tenga las condiciones propias de un hombre de bonhomía, pero también es un político más atrapado en el síndrome del cinismo y la simulación que como septicemia afecta a nuestros funcionarios.
Cuando en su rendición de cuentas el mandatario dijo que los pobres han demostrado que no “son mala paga”, la sala del Congreso Nacional se estremeció con un tendido aplauso. Parecería que tanto Medina, los funcionarios y legisladores, realmente han aplicado las certeras políticas públicas a favor de los desposeídos.
Al momento de elaborar este apresurado artículo no sabíamos en qué caso los pobres habían cumplido religiosamente con una deuda, porque encendimos nuestro televisor con el discurso en marcha. Sin embargo nos llamó mucho la atención el que Medina remarcara sobre la puntualidad de pago de la masa pobre.
Es un contrasentido que el mandatario estando consciente de que los dominicanos pobres son buena paga-y seguro que en una injusta deuda-, como mandatario, no haya hecho lo posible porque los obreros y desposeídos del pueblo dominicano puedan saldar otros compromisos y vivir una vida decente sin mayores tropiezos.
¿O no fue el mismo Danilo quien dijo una vez que nadie podía vivir con diez mil pesos mensuales? Si eso es así, entonces Medina tendría que lamentarse de que la mayoría de dominicanos ganando tan poco, sean tan cumplidores, esto, por no decir esquilmados o explotados. Por cierto, nos dicen que tampoco habló del alza de salarios que ha retrocedido unas 27 veces desde los años 90s, con relación al costo de la vida actual y las ganancias de los empresarios.
Y, correspondiéndose con lo antes citado, nos preguntamos el por qué tampoco se refirió -si es que no lo hizo, como suponemos- ni la emprendió contra los abusadores comerciantes agiotistas que mantienen los productos básicos de la canasta familiar a precios prohibitivos.
¿Medina, objetivamente, está con los pobres o no? Tal vez simplemente son destellos emocionales para proyectar semejanzas con un mandatario que gobierna a favor de los contribuyentes que menos pueden. Esto tal vez sea el numen que motiva a Medina, que aunque aparenta ser sincero, sólo persigue engañarse a sí mismo y, al mismo tiempo, confundir a los incautos.
En su discurso, según la parte de la que tenemos conciencia, hasta el momento, en ninguna ocasión habló de la corrupción que hace a los pobres más pobres. Es sintomático exaltar a los pobres, y no enfrentar a los abusadores comerciantes, y funcionarios corruptos que los hacen más infelices.


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