La resolución 28-2021 de la Junta Central Electoral fue una respuesta al progresivo laborantismo que desarrollan los principales partidos del sistema (PRM, PLD, FP, PRD), tirados a la calle en procura de reorganizar sus cuadros de cara a las consultas populares del 2024.
La Junta trata de imponer su autoridad queriendo evitar una campaña abierta tan ‘temprano’, pero los partidos alegan que ‘necesitan’ desarrollar sus procesos de preparación, primero hacia las primarias internas y luego para las elecciones generales.
El Partido Revolucionario Moderno, un partido creado apenas en el 2014 con fines electorales –los comicios del 2016- y luego un poco más organizado y con un discurso de cambio que prendió en el 2020, acusa problemas para una vida política contínua ya que sus cuadros parecen tener la vista fija en lograr puestos que entienden ganados, en la Administración Pública.
La Fuerza del Pueblo es una organización de apenas dos años, creada y desarrollada con el propósito definido de llevar a Leonel Fernández como candidato con la esperanza de volver a la Presidencia, ahora en el 2024, a que trata cotidianamente de engordar sus filas con disidentes del peledeísmo, de las fuerzas que otrora se definían como leonelistas.
El afán de Leonel y la Fuerza del Pueblo, más que nada, es tratar de mostrar músculos, que los haga ver como fuertes en el escenario político, con una fortaleza tal que los presente como líderes de la oposición.
El Partido Revolucionario Dominicano trata de sobrevivir con el oxígeno que le dio la sentencia del TSA que lo llevó a la categoría de ‘mayoritario’, cuando le dieron esa gracia a la FP.
Miguel Vargas lucha por no permitir que en sus manos se apague la llama del jacho, que se encendió en 1961 y que pese a las tormentas que ha sorteado y los vientos que lo ha zarandeado, aún sigue prendido.
El peor de los escenarios lo presenta el Partido de la Liberación Dominicana, con su principal líder, Danilo Medina, impedido de ser candidato, su alta dirigencia acusada y acosada de conformar un gobierno corrupto, muchas de sus figuras atemorizados como si tuvieran una espada de Damocles sobre sus cabeza y sus militantes con verguenza de identificarse como peledeístas, como ocurría a los reformistas en los finales de los ’70. Ello, sin embargo, no los amilana y parecen decididos a echar el pleito, tratando de cuajar una candidatura viable y potable que pudiera entrar al ruedo del 2024 con la cabeza el alto.
Todo un escenario que nos indica que la campaña política arrancó, si es que había cesado, aunque aún no veamos los bandereos de Luis el Gallo, recorriendo las calles y avenidas de los barrios.
JPM


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