En el día de la independencia de México, un eufórico López Obrador, manchando de vergüenza la festividad, se empeñó en glorificar fervientemente a la más larga satrapía del continente, la dictadura cubana, al tiempo que atacaba a la mayor democracia universal, los Estados Unidos de América, por el supuesto bloqueo, (embargo), a la eterna tiranía castrista.
En su apología a la perversa y genocida dictadura castrista, el cínico mandatario de orientación marxista, en tono vehemente, se atrevió a catalogar los largos 62 años de totalitarismo comunista, como «gloriosa resistencia», cuando no han sido más que 62 años de una humillante dependencia de subsidios por parte primeramente de la URSS y luego de parte del castrochavismo impuesto dictatorialmente al pueblo venezolano por el oprobioso Hugo Chávez y los funestos Fidel y Raúl Castro.
En la ceremonia de celebración del grito de independencia no faltaron los eslóganes exaltando la democracia y la libertad, al tiempo que también, de manera contradictoria, los que elogiaban la dictadura y la opresión que sufre el pueblo cubano de parte del régimen comunista que lo patea y lo oprime por más de seis décadas.
Esta es una característica que retrata de cuerpo entero a líderes de izquierda que suelen auto catalogarse de supuestamente democráticos; pero que su discurso pro comunista defensor del totalitarismo los pone en evidencia, y los muestra como lo que son, unos descarados, falsos y oportunistas.
Tales son los casos de López Obrador, Lula Da Silva, José Mujica y Leonel Fernández, entre otros farsantes y distorsionadores, que aunque gobernaron relativamente de manera democrática, en sus discursos y apoyos en organismos internacionales se explayaban en defensa del castrismo y el castrochavismo.
Estos politiqueros populistas mensajeros de la política del cinismo y la hipocresía, son una verdadera vergüenza para los pueblos e indignos personajes que deben ser despreciados por los verdaderamente demócratas de todo el mundo y no deberían jamás ser elegidos para ningún cargo en ningún país que se respete y quiera echar hacia delante buscando el progreso y la libertad.
Ese pobre espectáculo dado vergonzosamente por López Obrador, en un momento tan solemne, impregnado de intervencionismo en los asuntos internos de Cuba y de Estados Unidos; de puro populismo y de entreguismo al régimen dictatorial castrista, resulto ser muy deprimente y desagradable a la vista de los espectadores extranjeros, defensores de la libertad y la democracia.
JPM


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