“Habemus papam”, la clásica expresión que se emplea en el Vaticano para anunciar la elección de un nuevo Papa, muy bien pudiera ser recordada ahora en la ciudad de San Cristóbal, cabecera del municipio del mismo nombre, para proclamar, a voz en cuello, ¡tenemos síndico! o como se dice modernamente, ¡tenemos alcalde!.
Cierto que la elección del ejecutivo municipal ocurrió hace alrededor de un año, pero lo aconsejable era –dado los desastres registrados en una gestión reciente- esperar a ver si realmente podíamos contar con un alcalde “de a verdad”.
En otras palabras, lo prudente era dar tiempo y comprobar si la persona electa en el 2020 para el principal cargo del municipio estaba en disposición de cumplir con sus obligaciones a tiempo completo, lo que incluye la difícil tarea de asistir a su despacho regularmente y recibir los reclamos más diversos.
Había temor generalizado en la población dado que en los seis años del periodo 2010-2016 -que pareció una eternidad- San Cristóbal, uno de los municipios con más dimensión, careció de un alcalde in situ, lidiando con los problemas en el terreno, y solo tuvo un funcionario con ese nombre en el papel.
Las cosas que ocurrieron durante la desastrosa administración municipal del ex pelotero de pocos vuelos mentales y en el que muchos creyeron simplemente por sus éxitos en el campo deportivo, son ínfimas ante la verdadera y real situación de desastre en que fue dejado el municipio.
Las cuentas de su rosario son decenas y hoy, por lo pronto, vamos a poner de relieve una poco destacada en las múltiples publicaciones de prensa post gestión: solo asistió por minutos y en contadas ocasiones a su despacho en la sede del cabildo en el centro del poblado.
Carecía de entereza y de recursos verbales para enfrentarse a los ciudadanos comunes que habitualmente se presentan a los ayuntamientos a tratar los más diversos problemas, muchos de ellos personales.
Y lo que es más: carecía de los más mínimos argumentos para exponer en las sesiones y abordar los temas del día a día. Los asuntos de importancia los funcionarios lo llevaban a su casa de las afueras de la ciudad, a la que convirtió en despacho del síndico.
Debe reconocerse que la situación fue muy diferente y virtualmente mejoró, en el período siguiente, esto es, del 2016 al 2020, con otro síndico. Y en la actualidad (es decir desde hace casi un año, cuando asumió José B. Montás Domínguez) es mucho mejor y la comunidad de San Cristóbal está viendo diariamente en su despacho al cabeza del ayuntamiento.
Aunque en los alrededores de la sede municipal haya grupos e individuos que presionan por verlo, Montás acude sin fallar, hasta en horas de la tarde, a su oficina y está plenamente dedicado a las funciones para las cuales fue electo.
Y lo más importante: resuelve problemas de todo tamaño, da la cara y tiene planes ambiciosos que se verán concretizados en el futuro inmediato.
Este es un signo positivo y de esperanza que motiva proclamar: Habemus papam. Tenemos alcalde. Tenemos síndico.


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