Es alarmante la alta tasa de muertes y discapacidades que generan los accidentes de tránsito en la Republica Dominicana. Es penoso ver en los medios de comunicación las informaciones que destacan la aparatosidad con que colisionan vehículos de motor de distintos cilindrajes.
Las estadísticas duelen y avergüenzan. La Organización Mundial de la Salud señala que la Republica Dominicana ocupa el segundo lugar en muertes por accidentes de tránsito, con una tasa de 41.7 por cada cien mil habitantes. Instituciones locales confirman esa realidad.
Cada año, miles de familias dominicanas sufren la pérdida de uno de sus miembros o se ven en la necesidad de «vender lo que no tienen» para poder costear la recuperación de la salud tras sufrir traumas severos y heridas graves que ponen en peligro vidas útiles.
Son varios los factores que intervienen en la generación de los aparatosos accidentes de transito, todos vinculados a la violación de las leyes y reglamentos vigentes y a la permisibilidad y complicidad del Ministerio Publico, el Poder Judicial, la Policía Nacional y la AMET.
Otros elementos que contribuyen con esta problemática, son la politiquería y el clientelismo irresponsable de algunos dirigentes, tanto del gobierno como de la oposición, gobernadores, senadores, diputados, alcaldes, regidores y otros funcionarios que muchas veces «sueltan» a los violadores de la ley de transito que son apresados.
La mano suave de la justicia con los choferes infractores, la ausencia de sanciones, el macuteo o el chance, promueven que la gente ande como «chivo sin ley» por calles, caminos y carreteras manejando vehículos de motor, entiéndase: camiones, patanas, carros, camionetas, motocicletas y otros.
Las autoridades deben asumir su responsabilidad exigiendo el cumplimiento de la ley que regula el transito en la Republica Dominicana y aplicando las sanciones correspondientes a las personas que infringen esa normativa.
Por otro lado, los vehículos que no están en condiciones de transitar deben ser excluidos o sacados de las vías públicas porque constituyen un verdadero peligro para la sociedad. Los ciudadanos deben evitar los accidentes de tránsito y asumir con responsabilidad las consecuencias de sus infracciones, en caso de estas ocurran, y no pedir «un chance» o sobornar a la autoridad.
Es pertinente además, unificar a todas las instituciones que intervienen en la regulación del transito en el país, desarrollar campañas publicitarias alusivas al «arte de conducir bien» e incluir la «instrucción vial» en los planes educativos desde la educación inicial hasta la universitaria.
Es tiempo de poner un stop a los accidentes de tránsito en la Republica Dominicana. No es justo que se sigan perdiendo tantas vidas útiles en este país. Es frustrante y penoso observar la gran cantidad de gente con discapacidad transitoria o permanente que yace recluida en centros de salud y en los hogares dominicanos.
¡Enfrentemos la epidemia!


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