Todos vimos el vídeo de Jazhiel Morel Tejada entrando a la tienda y cruzando hasta el área restringida sin autorización; todos lo vimos intentar marcharse sin pagar; todos lo vimos arrojando dos tazas de café caliente a la cara de una empleada del food shop, a una distancia menor de 2 metros.
Pero no todos nos escandalizamos. Muchos no le vieron la violencia de género al vídeo, ni el intento de robo o el respeto a la dignidad humana de un servidor en su trabajo. Así es, incluso, en un momento del fin de semana, la primera tendencia de Twitter rezaba: #FreeJazhiel, penoso.
Nada justifica la violencia, nunca, en ningún escenario, en ninguna de sus manifestaciones. Ni contra la mujer, ni contra envejecientes, niños ni nadie. Su actitud y conducta son inaceptables, debe responder ante la justicia, de manera responsable.
Entonces por qué hay personas que se atreven a justificar este hecho? Bueno, lamentablemente, vivimos en una sociedad violenta. Tenemos muy pocas expectativas sobre la conducta de los demás. Eso habla más de nosotros mismo que de otros. Ahí radica el error, ¿cómo voy reprochar nada si no veo el pecado? Sólo pensarlo un momento y nos daremos cuenta, probablemente nos podríamos ver reflejados en esa horrorosa conducta.
Peor aún, comunicadores de larga data en la vida pública se atrevieron a «dar la cara» por el agresor. Lo reitero, eso habla más de nosotros como sociedad que del comunicador mismo. Es simple, estoy seguro de que se mordería la lengua o los dedos, antes de defender un antisocial en una sociedad más humana.
Me voy más lejos, el Sr Morel, no se atrevería a condicionar su entrega a la Fiscalía en un país cuya colectividad sea más justa. Enfrentemos el hecho, este joven vive aquí en República Dominicana, donde su comportamiento es muy común.
Yo me quedo con la siguiente reflexión: él actuó agrediendo a una mujer en su trabajo, porque se sentía protegido, no necesariamente por las autoridades o algún empresario influyente, sino por mí, y por tí. No hay forma de que lo hubiera hecho, si no contara con nuestra protección como sociedad.
Me imagino que habrá comentado al llegar, «No lo van a creer, tuve que poner en su puesto a una empleada…» y todos rieron. Yo apostaría a que la mitad de los que vieron el video antes de que fuera viral, rieron a carcajadas. Seamos sinceros y cambiemos nuestras actitudes, ese agresor es uno más de tantos que tenemos. Espero que la justicia dé un buen ejemplo, para que otros puedan reflexionar.
Finalizo lanzándole un pequeño reto, mire el vídeo por última vez y comparece con agresor Jazhiel cuando usted maneja, cuando espera en filas, cuando grita a su pareja o sus hijos. ¿Ahora entiende quién ha estado protegiendo al agresor del café caliente?
JPM


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