Desde mediados de marzo, solo un pequeño puñado de los aproximadamente 400 cruceros del mundo han podido aceptar pasajeros, todo en itinerarios totalmente locales.
Unas pocas docenas están navegando por el mundo con un propósito, repatriar a miembros de la tripulación de todos los rincones del mundo. El resto se encuentra inactivo en el purgatorio de cruceros, sin poder navegar comercialmente en el futuro próximo. En EE.UU., la industria acordó no retomar las operaciones al menos hasta el 15 de septiembre.
La inactividad durante la pandemia no solo es malo para los resultados de la compañía, es una posible sentencia de muerte para sus activos más costosos: los propios barcos. Desde problemas mecánicos hasta riesgos de huracán y obstáculos regulatorios que pueden constituir delitos penales: es un embrollo que la industria nunca ha enfrentado antes en esta escala.
El gasto es impresionante, en una reciente presentación ante la SEC, Carnival Corp.,cuyas nueve marcas conforman la compañía de cruceros más grande del mundo, indicó que sus gastos actuales de navío y administración ascenderían a US$250 millones al mes cuando todos sus barcos estén inmovilizados.
La compañía dice que no puede prever cuándo se reanudarán los cruceros, lo que significa un ítem a largo plazo en un balance que registró US$4.400 millones en pérdidas solo en el segundo trimestre.
Al igual que con los aviones, el primer problema con el mantenimiento de un crucero inactivo es simplemente encontrar un lugar para estacionarlo.
Cerca de 16.000 aviones fueron inmovilizados durante la pandemia, escondidos en lugares secos y a prueba de herrumbre que van desde hangares y pistas de aeropuertos hasta desarmaderos en el desierto. Los navíos también están tratando de encontrar las condiciones adecuadas para capear la tormenta.
No hay suficiente espacio en puertos para que cada barco atraque a la vez, especialmente los grandes barcos que normalmente transportan hasta 8.880 pasajeros y tripulantes. Esto explica los sonidos de celebración del Azamara Journey en Glasgow (atracó en un puerto de carga en lugar de su muelle habitual de cruceros más allá de la ciudad). Los barcos menos afortunados no tuvieron más remedio que soltar su ancla en el mar, deteniéndose ocasionalmente en el puerto más cercano para buscar provisiones y combustible. (Arecoa.com)
JPM


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