¡Cuidado: ¡por ahí vienen los evangélicos!

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EL AUTOR es comunicador. Reside en Cotuí.

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Cuando en las elecciones norteamericanas en el 2016 todos los pronósticos daban como perdedor a Donald Trump, en las últimas horas el conteo de votos sorprendió a todos los que vociferaban que sería derrotado. Trump ganó. El Pueblo, según el propio presidente, que le dio el triunfo fue el pueblo evangélico.

En esta recta final de las elecciones, aparentemente, el dicterio afirma con sus voces cantantes de que el candidato político Abinader tiene las elecciones aseguradas y ganará con más de un 56%. Creo que será un caso a la inversa de lo que sucedió con Trump.

El pueblo evangélico emana de los estratos sociales más humildes que ha parido la República Dominicana. Muchos sinsontes con espuelas piensan que el pueblo evangélico es lerdo y se deja comprar por los aspavientos de ciertos políticos con facha de embusteros.

Los temas sobre el cristiano y la política es algo que está en el tapete en estas elecciones. Una analista política muy escuchada en los medios afirmó que, si los pobres dominicanos salen a votar, el Partido de la Liberación Dominicana se alza con el triunfo. Por su parte, el escritor Miguel Guerrero le pone la tapa al pomo en su columna del diario El Caribe respecto al papel que jugarán los cristianos ante el desafío electoral dominicano.

Muchas personas manejan muy poco las estadísticas religiosas de la República Dominicana. El pueblo evangélico comparado con años anteriores marca un crecimiento desproporcionado, especialmente, en el interior del país. Los datos que tenemos indican que los Evangélicos hoy día son mayoría desde Santo Domingo Este hasta Higüey. En la parte Sur del País marcan una mayoría, especialmente, en la Provincia de Azua de Compostela.

En otras palabras, el pueblo evangélico es un cuerpo mayoritario dentro de muchas denominaciones en el país. Marcan triunfos electorales y ningún partido político puede darse el lujo de dar puñaladas traperas contra ese cuerpo de personas que marcan un voto sólido cuando van a las urnas como ha sucedido en los últimos días.

¿Cuál debe ser la actitud del cristiano evangélico ante el fenómeno político que estamos viviendo en estas últimas horas de cierre de campaña? ¿De qué naturaleza pueden ser sus ideales? ¿Dónde está el polo determinante de su realidad?

Estas y muchas otras preguntas semejantes surgen como consecuencia de lo que es uno de los problemas más interesantes y complejos de estos tiempos. La relación entre la fe y los deberes públicos del ciudadano. La doctrina cristiana es sin ninguna duda el factor de importancia suprema en el mundo cultural y político de que formamos parte.

Los principios que emanan de la tradición judeo/cristiana (por cuanto el Mesías adviene precisamente cuando Roma es el corazón de la civilización de Occidente) constituyen el patrón modelo y la norma comparativa de nuestros modos de pensar. Los conceptos del «bien» y del «mal» que inconscientemente sirven de medida a nuestra conducta, se derivan de la enseñanza evangélica. Las formas de moral y de derecho que se hacen leyes y costumbres en el orden de la convivencia social, responden directa o indirectamente a la acción del cristianismo. Acción casi siempre marcada por el dicterio del compromiso con los principios establecidos en la Palabra de Dios.

Todos en la viña del Señor no son ovejas de su prado. Hay muchos que son carneros de Satanás cuando venden sus principios y convierten la Biblia y la fe, que deben ser siempre la regla de fe y orden de todo cristiano evangélico, en un fetiche de mercaderes nauseabundos como en las últimas horas se ha demostrado en uno de los partidos de oposición. Han desaparecido del escenario un sinnúmero de comerciantes del evangelio ya que no pueden ofrecer sus unciones y milagros a los políticos que tienen una manada de cuatreros al lado.

PREGUNTAS

¿Votaría un cristiano evangélico por aquellos políticos que promueven el homosexualismo como bandera de su estampa política?

¿Votaría un cristiano evangélico por aquellos que promueven el aborto a diestra y siniestra sin medir sus consecuencias?

¿Votarían los cristianos evangélicos para que continúe el lavado de dinero y el narcotráfico como eslabón necesario para que la cosa pública siga su curso de putrefacción?

Usted puede votar por quien usted guste.  Un cristiano evangélico de verdad no vota por ninguna de esas tres propuestas que tanto candidatos presidenciales como otros candidatos para otros cargos públicos apoyan.

Les exhortamos a las filas del pueblo evangélico que salgan a votar masivamente en contra del homosexualismo; en contra del aborto; en contra de poner en las escuelas públicas baños donde niños y niñas puedan hacer sus necesidades fisiológicas juntos como lo han agendado ese grupo de deformados.

En nuestro ambiente criollo, si bien el humorismo no ha pasado nunca de mediano en su forma general, distinguiéndose por la pobreza de temas y situaciones, en la orilla política en cambio ha logrado a menudo calidades excelentes de chispa y de ingenio.

La época de Hipólito Mejía ha sido la edad de oro en ese sentido. Después el brillo se ha ido perdiendo cada vez más. Desgraciadamente el género está en una especie de coma.

¿Por qué? Sería cosa de averiguar. La interrogación es algo interesante en esta carrera final hacia Palacio. Tanto más cuanto que el pueblo evangélico es por naturaleza reidor y alegre de los puntapiés que los políticos siempre han querido darle. Sea por lo que fuere, nadie osará negar que el sentido político del humor está en crisis en la República Dominicana. Más bien permanece el tono gris. Es como si al pueblo evangélico le quieren meter a última hora la sonrisa de la hiena como si se nos hubiese escapado del espíritu.

Como «guerrillero oculto de la fe evangélica» levanto mi voz a todo ese pueblo que ha sido tratado a través de los años a palo y tentetieso a que levante con la voz del voto la ventana grandiosa del Evangelio de Jesucristo y dejándole saber a los impostores del evangelio que esta vez no se van a salir con la suya.

Las plumas están saliendo del armario y también sale un pueblo que defiende los valores sociales de la familia y que se pondrá de manifiesto en estas elecciones quienes tendrán la última palabra.

Se los digo hoy a días de las elecciones a todos los hijos de misioneros; a todos los hijos de pastores; a todas las familias que aman a Jesucristo: ¡Todavía estamos a tiempo!

Y a los fantoches que siempre se han reído de los cristianos evangélicos, les decimos: ¡Cuidado: por ahí vienen los evangélicos!

 cafebambu76@gmail.com

JPM

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