La administración política de esta crisis es, probablemente, uno de los problemas más difíciles de resolver.
Ninguna cuarentena, aislamiento o confinamiento puede ser fácil.
Son medidas extremas que se deben tomar ante una amenaza de pandemia como la que estamos enfrentando.
En asuntos de salud, es un asunto de máxima responsabilidad con nosotros mismos y los demás.
El coronavirus es un enemigo invisible, silencioso, que nos puede contagiar con el menor de los descuidos y convertirnos, además, en foco de contagio.
Ese es el sentido de imponer el distanciamiento social y evitar que las aglomeraciones generen mayor propagación de la pandemia.
Usar mascarillas, guardar la distancia, seguir las recomendaciones estrictas de las autoridades debe ser un acto consciente para evitar el contagio.
Pero por supuesto, tenemos necesidades y también tenemos derechos.
Sigamos las instrucciones y protocolos. No salgamos a la calle si no es estrictamente necesario: comprar alimentos, medicamentos, o a nuestros empleos si así lo requiere.
Hemos visto que las autoridades han tenido que retener a centenares de personas, en algunos casos por actos de irresponsabilidad absoluta como estar tomando bebidas alcohólicas en las calles.
Las autoridades deben respetar la dignidad de las personas, ser orientadoras y no ser vistos solo como un poder coercitivo que llegue a generar temor entre la población.
La policía y la Fuerzas Armadas deben ser guías amigables a la población, respetando sus derechos en medio de las circunstancias extraordinarias que estamos viviendo.
El respeto de las libertades públicas de los ciudadanos, principio fundamental de las democracias, es poco compatible con la gestión sanitaria de un drama de esta amplitud.
Esa es la razón por la cual la mayoría de los gobiernos europeos optaron por el “gradualismo” en la toma de decisiones consideradas liberticidas por muchos.” Italianos, alemanes, franceses y españoles no son taiwaneses, chinos o singapurenses.
La concepción que europeos y asiáticos tienen de la libertad es profundamente diferente”
Espero los psicólogos y psiquiatras den pautas, porque estamos locos con el virus y el confinamiento.
Es hora de leer más, tocar instrumentos, aprender a cocinar mejor, hacer algo en cautiverio, porque esto es de locos.
Me gusto oír palabras sinceras emanadas del corazón de Luis Abinader: “Apoyo al gobierno, pero no con mi silencio.
Todos en el gobierno, decídanse a implementar plan para combatir esta pandemia que nos azota”.
Y para eso se requiere tiempo, entonces este consejo:
Haz de tu casa una fiesta: Escucha música, canta, baila.
Haz de tu casa un templo: Ora, reza, medita, pregunta, agradece, alaba, suplica…
Haz de tu casa una escuela: Lee, escribe, dibuja, pinta, estudia, aprende, enseña…
Haz de tu casa una tienda: Limpia, ordena, organiza, decora, etiqueta, mueve de lugar, vende, dona …
Haz de tu casa un restaurante: Cocina, come, prueba, crea recetas, cultiva especias, planta un huerto…
En fin… haz de tu casa, de tu familia, un lugar de amor.

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EXCELENTE REFLEXIÓN de JOHNNY. Domingo de Resurrección