En una práctica profesoral sobre identidad, 30 de estudiantes de comunicación social del nivel universitario no pudieron reconocer a 10 periodistas radiotelevisivos. Mencionaron como tales a locutores, interactivos semi-analfabetos, políticos, abogados, médicos, ingenieros y a casadas/desposadas popularizadas por sus excesos verbales y morbosidades.
Esa tarea académica confirma la prevalencia de una crisis de identidad social del periodista, y que esta germina, entre otros factores, por la intervención de los “enganchados”, que han desplazado espeluznantemente a una falange de periodistas profesionales.
El médico se identifica por la bata y el esfigmomanómetro, el abogado por la toga y la corbata negra, el ingeniero por el casco protector y la bota, el arquitecto por los planos, el profesor por el libro en la mano para enseñar, el locutor por el tono de voz, el contable por la calculadora y el reportero por la libreta, el bolígrafo y la grabadora.
En el mirador de la psicología social, la identidad del periodista se disgrega difusa.
¿Quiénes la embrollan? Los intrusos, que se homologan en por lo menos diez ramales:
1.- No saben cómo hacer una entrevista, qué es el secreto profesional, la cláusula de conciencia, los códigos comunicacionales, la estructura del mensaje, los mandatos éticos ni diferencian la noticia del reportaje.
2.- Vocean como esquizofrénicos.
3.- A funcionarios públicos y empresarios piden anuncios cuando realizan (en el aire) programas de radio y televisión.
4.- Se quejan en público cuando no los invitan a actividades y atacan cuando no son favorecidos en algo.
5.- Asisten a encuentros con personalidades, con “autoridad” para mediar.
6.- Denigran y buscan la exclusión de periodistas acreditados, y afirman que el periodismo no hay que estudiarlo, porque no es una profesión.
7.- Unos se ríen cuando los nombran periodistas y otros, no obstante vivir usurpando el ejercicio, cuando les llaman “periodistas” responden con hipocresía y desdén: “¡Ni lo quiera Dios!”.
8.- Se vanaglorian creyendo que son “verdugos” y que los graduados universitarios son “chivitos jartos de jobos”.
9.- Se meten a “periodistas” y luego mecánica e irrespetuosamente ensamblan a parientes y amigos.
10.- No exigen relaciones contractuales, ni que les paguen.
Los culpables de que fracasados en distintas actividades se inserten en el poder informativo para proyectarse, conseguir clientes e instrumentarlos financieramente, son los propios colegas, que no se integran a su Colegio y votan por cualquier candidato. Son causantes, además, los propietarios mediáticos que violan la Ley 10-91, que creó al CDP, y directivos que se muestran incompetentes. ¿Hasta cuándo…?
¿Cómo forjar una sólida identidad social del periodista?
1.- Que sólo los titulados ejerzan la profesión; 2.- Que usen corbatas y prendas moradas (humanidades), y 3.- Que se coloquen un botón con el logo del CDP.


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