La agenda pública esta matizada por temas positivos como el desempeño de la economía en 2018, preparativos para encender a Punta Catalina, concurso para la ampliación del Teleférico y afanes de reordenamiento del tránsito, difusoscomo las discusiones sobre asuntos electorales, y negativos, como los referidos al narcotráfico e inmigración.
El liderazgo político, empresarial, económico y de la sociedad civil generalmente promueve un tipo de discurso sesgado que apunta esencialmente a promover intereses sectoriales o personales, lo que se torna difícil que las ideas se entrecrucen para que la población pueda valorar en justo contenido cada planteamiento.
La costumbre de girar en círculo resulta altamente perniciosa, como lo demuestra el esfuerzo de algunos sectores por ocultar o distorsionar el significativo logro en un año con 7% de crecimiento del PIB, inflación en 1,3%, generación de 160 mil empleos y más de US$7,000 millones de reservas en el Banco Central.
¿Cómo no celebrar que con el encendido de Punta Catalina se inicia el conteo regresivo del monopolio que subyuga al subsector eléctrico que llego a engullirse un promedio de US$2,00 millones anuales desde el Presupuesto Nacional? A eso se debe que aún no se concerté el Pacto Eléctrico.
Aunque el narcotráfico se expande a través del microtrafico, complicidad e impunidad, todavía estamos a tiempo para blindar a la juventud dominicana de ese cáncer que hoy subyuga a México, Colombia y otras muchas naciones del continente.
Se requiere de altísima voluntad política en el Estado, Gobierno y sociedad para promover efectivas herramientas jurídicas, de prevención y persecución al narcotráfico y crímenes conexos, comenzando por el fin de la complicidad e impunidad.
Es menester profundizar políticas públicas y privadas que generen más empleo para la juventud, así como amplia promoción de capacitación laboral y académica, deportes, cultura y recreación en barrios y comunidades suburbanas donde hoy reina el microtrafico.
Sin nacionalismo extremo, ni contagio de xenofobia, Republica Dominicana posee las herramientas sustantivas y adjetivas para producir un gran reordenamiento de su esquema de control migratorio y evitar así en el largo plazo una especie de balcanización de la isla.
Es imperativo que Estado, Gobierno y sociedad asuman su obligación de abordar unidos y con gran determinación la agenda de urgencias nacionales, pero también es imprescindible que todos hablemos en el lenguaje del progreso que experimenta nuestra nación.

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