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La iglesia Católica tiene que cambiar. Debe dejar a un lado estar en muchas ocasiones de espaldas a los más pobres, a los más necesitados, a los menesterosos de esta tierra. Esos cambios pueden llegar ahora, cuando hay un nuevo arzobispo de Santo Domingo, pero también pueden seguir durmiendo el sueño eterno.
En instituciones como la Iglesia hay muchas variantes para hacer cambios, y también existen sectores retardatarios. Ahora hay aires de que tiene que haber renovación. Es una iglesia petrificada, no en la oración, sino en el trato a los pobres, al necesitado, al vivo ejemplo de Jesús, y que en muchas ocasiones rompió la balanza, y se refugió con los ricos y despreció a los pobres.
La Iglesia no puede cerrar los ojos frente a su pasado reciente y si lo prefiere lejano. Se mal usó la fe de muchos, para cometer barbaridades de unos pocos. Se apoyaron golpes de Estado, gobiernos de fuerza, prepotencia de los sectores hegemónicos y estar de espaldas a luchas reivindicativas por una mejor vida.
Hace años que estos cambios tenían que comenzar. La largada se tenía que ejecutar durante los 35 años de mandato de Nicolás de Jesús López Rodríguez, pero no era el momento. Ni dominicano, ni del vaticano. Hoy hay una exigencia del siglo 21 de que los cambios se tienen que dar aquí, y ya se ven en el Vaticano.
Hay que hacer valer la palabra de Cristo, donde plantea la necesidad de que haya dignidad en la vida de los que sufren, que no se dé las espaldas a las desgracias de la mayoría, que en verdad haya dolor, y no hipocresía, ante las madres y los niños que sufren el abandono social.
López Rodríguez fue un obispo de su tiempo. Polémico, con opiniones frontales, no escatimaba pelea, y desde su óptica fijaba su posición sobre el acontecer nacional. Fue responsable y defendió sus ideas a las claras. En mucha ocasiones no estuve de acuerdo con sus planteamientos y hasta lo combatí, pero hay que reconocerle valentía y claridad en exponer sus ideas.
La Iglesia ahora tiene que definir su papel frente a la situación dominico-haitiana. Hay grupos religiosos que favorecen una mezcla cultural, política y de nacionalidad de refugiados. Ese sector ahora está muy cercano a los nuevos aires de mando. Esto podría ser secundario, pero es importante.
Sin embargo, lo trascendental de la Iglesia es que se fije una línea del siglo 21. Jesús es el mismo, el de hoy, el de ayer, el de siempre, pero muchos de sus misioneros en la tierra no tienen claro el mensaje, y el momento es propicio para hacer revisiones internas. Donde dos hablen a mi nombre, allí yo estaré, dijo Jesús. El pueblo es la voz de Dios.
jpm


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