En 1947, la ONU instala en Grecia su primera operación de paz. Bajo el nombre de UNSCOB (United Nations Commission for the Balkans), se estableció una fuerza multinacional conformada por miembros de Australia, Brasil, China, Estados Unidos y México, entre otros.
¿Su misión? Supervisar el cumplimiento del alto al fuego, desarmar a los combatientes, proteger a la población civil y velar por la seguridad en el territorio.
Para diferenciarse de los cuerpos militares, optaron por la utilización de colores distintivos y fácilmente reconocibles: vehículos blancos y cascos azules. Desde entonces, las operaciones de paz a cargo de las Naciones Unidas se conocen, simplemente, como Cascos Azules y, en la actualidad, se desempeñan en amplias zonas de Medio Oriente, África y Centro América.
Si bien han sido distinguidos internacionalmente (Premio Nobel de la Paz en 1988 y Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional en 1993), no están ajenos a las polémicas. En Haití, Chad y Guinea, por ejemplo, integrantes de los Cascos Azules han sido acusados de abuso y explotación sexual contra la población.
UNA OBRA QUE MOLESTA
Estas paradojas motivaron al director Antonio Altamirano («El señor Galíndez») –fundador, además, del Festival de Artes Cielos del Infinito- a trabajar en torno a la necesidad y eficiencia de las llamadas misiones de paz.
Para ello, tomó como base el texto «Sobre la teoría del eterno retorno aplicada a la revolución en el Caribe» del dramaturgo uruguayo Santiago Sanguinetti (1985).
«Uno de los objetivos del grupo es trabajar con autores latinoamericanos. Y la obra de Sanguinetti nos despierta una gran cercanía en términos generacionales y políticos. Lejos de agradar al típico espectador teatral, y lejos de enunciar grandes verdades políticas, sus obras incomodan. Se trata de un teatro que entretiene, pero molesta.Que retiene al espectador para defraudarlo», explica Altamirano.
Esta vez bajo el título de «Casco azul», la obra narra las peripecias de cuatro soldados que deben cumplir una misión de paz en Puerto Príncipe, Haití.
Entre posibles ataques zombis, muñecos vudú, lecturas de Hegel, apagones sorpresivos y cruceros de lujo que se acercan al área, los cuatro personajes (interpretados por Juan Pablo Miranda, Rodrigo Soto, Nicolás Zárate y Pablo Manzi)harán todo lo que está a su alcance para resistir el levantamiento local armado que busca acabar con sus vidas.
of-am

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