El panorama político es realmente lúgubre y no vemos que se avecine ninguna mejoría.
Por un lado, tenemos el partido oficialista que ya lleva tres periodos consecutivos, que hoy se jacta del deber cumplido cuando la realidad es otra. El endeudamiento se ha llevado a niveles superlativos en sus administraciones; la corrupción hoy incide sobre el Producto Interno Bruto en un 6%; la delincuencia arropa todo el territorio nacional y vemos los niveles de asaltos y homicidios está fuera de control, con más muertes per cápita incluso que Haití.
Eel pueblo está relegado a la inopia, el analfabetismo, la desesperación sin que su gobierno logre saciar ni siquiera sus necesidades más básicas. Las carencias del país evidentemente se pueden resumir en RD$500 pesos, un pote de ron y un picapollo, las acostumbradas dadivas en tiempo de campaña y lo único que reciben de nuestro gobierno.
Por otro lado, tenemos el partido de oposición, cuyo candidato es el escogido del poder norteamericano (garantizando así las injerencias sobre nuestra bandera) y en evidente contradicción con sus reproches a la actual administración, se ha comprometido a ampliar algunas de sus iniciativas. Este candidato ha dedicado sus esfuerzos a criticar con vehemencia el proceder del gobierno sin presentar propuestas firmes y determinadas que logren resolver los colosales problemas que hoy afectan a nuestro país.
Debo precisar que yo creo firmemente en el talento dominicano y considero que no hay que acudir a nacionales extranjeros para resolver nuestros problemas; tenemos la capacidad y la valentía para solucionar la problemática delincuencial, solo falta voluntad política. Su postura frente al tema migratorio es débil y en consonancia con los poderes extranjeros, y pese al nombre que ostenta su organización política, no ha demostrado intenciones de modernizar ni revolucionar la Patria con iniciativas que logren la reformación que hoy es imprescindible.
Hemos recibido todo tipo de ofertas para comprometer el voto de nuestra militancia, pero rehusamos ser partícipes de un sistema absolutamente retrograda que solo nos ha legado una involución catastrófica. Por todas éstas razones, asumimos la postura más responsable, de no apoyar a ningún partido ni candidato.
En el caso de los militantes del Partido Esperanza Democrática (PED), regirá la conciencia de cada cual. Así, pondremos el ejemplo de dignidad; nuestra fuerza no es negociable, no estamos dispuestos a doblegar nuestra integridad en busca de prebendas, dinero, ni cargos políticos. El Partido Esperanza Democrática no fue creado para ser más de lo mismo; seremos la solución y salvación de nuestra República Dominicana.
Verdaderamente, el cuadro político actual es pavoroso, pero nosotros seguimos luchando y creciendo velozmente, convirtiéndonos poco a poco en un poder indetenible que combatirá sin tregua en defensa de nuestra Patria y los buenos dominicanos que hoy se encuentran acéfalos, sin un gobierno que nos represente dignamente.
Sin temor a equivocarme, puedo afirmar que el Partido Esperanza Democrática es el partido del futuro de la República Dominicana
jpm

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