Una sociedad no puede vivir de espaldas al diálogo. La única forma de entenderse entre los seres humanos sin que se produzca un derramamiento de sangre, es mediante la concertación. Sin el consenso entramos en la etapa de la barbarie.
Los hombres se enfrentan por posiciones tajantes, donde unos no quieren echar atrás, o sencillamente piensan que son los únicos que llevan en sus hombros la verdad, o el derecho a levantar sus exigencias.
Es incierto. Todos tienen un poco a su derredor de verdad, pero también están salpicados por la mentira y la malicia. Los grupos sociales y las organizaciones profesionales navegan entre la lucha por reivindicaciones y el burocratismo, levantar consignas colectivas de beneficios, pero personalizando el papel de cada cual.
El paro que el Colegio Médico Dominicano lleva a cabo en los hospitales públicos raya en la intolerancia social. Los galenos cometen un crimen cuando dejan sin asistencia médica a los más desamparados de la población. Los pobres de solemnidad carecen de recursos económicos para poder ir a una clínica privada a buscar la asistencia especializada.
Cada vez que se para un hospital público, se condena a la muerte a un hijo de la desgracia. Los salidos de la exclusión social no tienen ni voz ni voto, ni fuerzas, ni posiciones tremendistas, sólo sentarse en el piso y esperar que le pongan la mortaja.
No se puede negar que se ha dado intolerancia de parte del sector gubernamental. Se tenía que aplicar una mayor dosis de concertación, de buscar entendimientos, de ir a los médicos, y de tratar de salvar la situación.
Por desgracia lo que estamos viendo es un ministerio sin fuerzas, que carece de la suficiente voz de concertación para llamar a los médicos a una negociación profunda y así lograr que se levanten todos los paros, en todos los hospitales públicos.
Esta es una lucha sin razón y sin justificación de parte de los médicos. Ellos quieren reivindicaciones, pero golpean a los pobres para por el efecto de carambola, obligar al gobierno a darle mejores salarios. No compartimos ese tremendismo y pedimos a los médicos responsables y sensatos, que prefieran el diálogo y no ser verdugos.
Es hora de concertación. Unos ganan y otros pierden, pero la culpa es de las debilidades institucionales y de carácter no pueden ser pagadas por los hijos de la calle.
JPM

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