Por LEIDY LAURA NUÑEZ
La diáspora dominicana ha demostrado, durante décadas, un compromiso inquebrantable con el desarrollo de la República Dominicana. Más allá de las remesas, que sostienen a miles de familias y dinamizan la economía nacional, existe un enorme potencial para convertir a nuestros compatriotas en el exterior en aliados estratégicos del crecimiento, la innovación y la generación de empleos. Sin embargo, ese potencial aún no ha sido plenamente aprovechado.
Atraer la inversión de los dominicanos residentes en el exterior requiere una visión de Estado que inspire confianza y ofrezca garantías. El primer paso es simplificar los procesos mediante una ventanilla única que brinde orientación, acompañamiento y facilite los trámites para quienes desean invertir en el país. La burocracia excesiva y la falta de información no pueden seguir siendo obstáculos para quienes desean aportar al progreso de su nación.
Asimismo, es necesario fortalecer la seguridad jurídica y promover incentivos que estimulen la inversión en sectores estratégicos como el turismo, la agroindustria, la tecnología, la energía renovable y las pequeñas y medianas empresas. Cada dominicano que invierte desde el exterior no solo genera riqueza, sino que también crea oportunidades, impulsa el empleo y contribuye al desarrollo de las comunidades.
De igual manera, es fundamental construir una relación permanente entre el Estado y la diáspora. Los consulados y las oficinas gubernamentales deben evolucionar de ser simples proveedores de servicios a convertirse en verdaderos centros de promoción económica, capaces de orientar, conectar y acompañar a los inversionistas dominicanos en el exterior.
Pero atraer inversión también significa reconocer el valor y el esfuerzo de quienes, aun viviendo fuera del país, nunca han dejado de creer en la República Dominicana. La diáspora no debe ser vista únicamente como una fuente de remesas, sino como un socio estratégico con experiencia, conocimiento, redes internacionales y capacidad para impulsar el desarrollo nacional.
Apostar por la inversión de los dominicanos en el exterior es apostar por una economía más dinámica, más competitiva y con mayores oportunidades para todos. Cuando el Estado crea las condiciones adecuadas y la diáspora encuentra confianza para invertir, el beneficio trasciende lo económico: se fortalecen los vínculos con la nación, se impulsa la creación de empleos, se promueve la transferencia de conocimientos y se construye un modelo de desarrollo más inclusivo, sostenible y con mayores oportunidades para las presentes y futuras generaciones.


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