“Quédate, que esta es tu patria” dicen. “Aguanta, que aquí está tu bandera”. Y uno quiere. Quiere creer que el himno llena la nevera y que la Duarte con París paga el colegio. Pero no. La patria no se come. Y el hambre no entiende de discursos.
A fin de mes el casero no acepta “quisqueyano valiente”. La farmacia no cambia el escudo por insulina. El chofer del concho no te fía el pasaje porque te sabes la Constitución. Se vive de dinero, no de símbolos. Y cuando el salario mínimo compra media canasta básica, pedirle a la gente que “se quede por amor” es pedirle que se quede a pasar hambre por orgullo.
EMIGRAR NO ES TRAICION, ES ALMUERZO
Nos enseñaron que irse es abandonar. Pero nadie abandona por gusto. Se abandona el barrio porque el barrio no da de comer. Se abandona el país porque el país cobra caro por existir: luz cara, comida cara, colegio caro, vida corta. El que se va a fregar platos a Madrid no odia su tierra. Odia acostarse sin cenar. Y entre la patria y el plato, el estómago gana siempre. Siempre.
El Gobierno te cobra ITBIS, te cobra selectivo a los combustibles, te cobra marbete, te cobra hasta por nacer y por morir. Todo sube menos tu sueldo. Y cuando reclamas, te responden con patria: “somos un país en vías de desarrollo”, “hay que sacrificarse”, “piensa en tus hijos”. Pero tus hijos no comen desarrollo. Comen arroz. Y el arroz está a RD$45 la libra.
LA NOSTALGIA ES UN LUJO DE ESTOMAGO LLENO
Extrañar el mangú es fácil con visa y con cuenta en dólares. Extrañar la playa es poesía cuando puedes pagar el pasaje de vuelta. Pero para el que vive en Santo Domingo, la patria son dos horas en un tapón para ganar RD$1,200 al día. Es un inversor que hace más ruido que la luz. Es un hospital donde te mueres si no tienes RD$50,000 a mano. Esa patria no se extraña. De esa patria se huye.
Nuestros padres hicieron fila para la leche, aguantaron apagones de 20 horas, marcharon por democracia, criaron hijos con un sueldo. Se sacrificaron “por la patria”. ¿Y la patria qué devolvió? Los mismos problemas, pero más caros. Hoy sus nietos no quieren sacrificarse. Quieren vivir. Y vivir no es pecado.
EL DIA QUE LA PATRIA SE COMA
El retorno masivo no llegará con campañas de “orgullo dominicano”. Llegará cuando el dominicano de aquí viva mejor que el de allá. Cuando el maestro no tenga que dar tanda extendida y motoconchar de noche. Cuando el médico no emigre. Cuando el joven no vea el aeropuerto como única salida.
Ese día, la patria se podrá comer. Mientras tanto, no le pidan al hambriento que se quede a cantar el himno. Denle trabajo, denle luz, denle seguridad. Denle de comer.
Porque la bandera más bonita no quita el hambre. Y la gente no vive de símbolos. Vive de almuerzo.


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