Si hay un lugar donde se cruza la política, la diáspora y el gasto público dominicano, ese lugar es el Consulado General en Nueva York. No solo por ser la sede más grande y con mayor presupuesto del servicio exterior. También porque es el ejemplo más crudo de cómo la “nómina CB” —cargos por compromisos políticos— terminó deformando el sentido mismo de la diplomacia consular.
EL TAMAÑO DEL APARATO
Nueva York concentra la comunidad dominicana más grande fuera del país: 850,000 dominicanos de origen, según datos de la Oficina del Censo de EE.UU. en 2024. Para atenderla, el consulado reporta más de 200 empleados entre personal fijo, contratados y nombrados. De ese total, menos del 25% pertenece a la carrera diplomática o consular. El resto entra por decreto.
Revisar la nómina de 2025 publicada por la Cancillería muestra categorías que ya son folclore institucional: vicecónsules, auxiliares consulares, asesores, encargados de departamento, asistentes especiales. Sueldos que van de 2,800 a 6,500 dólares mensuales, más seguro médico internacional, más gastos de representación. Solo en salarios, el consulado de Nueva York ronda los 9.8 millones de dólares al año. Eso sin contar alquiler de oficinas, viáticos y eventos.
¿QUE RECIBE EL USUARIO A CAMBIO?
Quien ha intentado renovar un pasaporte en la 1501 Broadway lo sabe. Citas lejanas, filas desde las 5:00 de la mañana, larga espera, páginas web que se caen, líneas telefónicas que nadie contesta. En 2023 el propio cónsul reconoció un atraso de 40,000 libretas. En 2024 se lanzó un “plan de choque” para imprimir 1,000 pasaportes diarios. En 2026 el atraso persiste.
El contraste es brutal: mientras el personal crece, la eficiencia no. Porque buena parte de esa nómina no atiende público. No está en ventanilla. No tramita actas ni poderes. Está nombrada para cobrar. Es el famoso “CB”: cargo de botella.
TRES COSTOS QUE NO SE VEN EN EL PRESUPUESTO

Costo operativo
Cada vicecónsul que no trabaja ocupa una estación, un seguro, un espacio. Ese dinero sale del mismo fondo con el que se compran impresoras, se paga el internet o se contrata a un técnico que sí agilice procesos.
Costo institucional
El servicio exterior se desprofesionaliza. El diplomático de carrera, que pasó concurso y estudió derecho consular, termina subordinado a un nombrado político sin experiencia. El mensaje dentro y fuera es demoledor: el mérito no importa.
Costo político
La diáspora en Nueva York aporta más de 6,000 millones de dólares al año en remesas. Es la base electoral más grande fuera del país. Maltratarla con un servicio lento y una nómina abultada es una torpeza estratégica. La comunidad lo cobra en desconfianza y en votos.
QUE SE HA INTENTADO Y POR QUE NO FUNCIONA
En 2022 se anunció una “racionalización” de personal. En 2024 se prometió digitalizar el 80% de los trámites. En ambos casos el número de nombramientos subió al año siguiente. El problema es de incentivos. Los consulados son piezas clave en el engranaje electoral. Controlan empleo, contratos y acceso a la comunidad. Ningún gobierno quiere soltar esa llave.
UNA RUTA DE SALIDA PARA NY
-Auditoría de funciones, no de nombres. Una firma externa debe verificar, puesto por puesto, quién atiende, cuántos casos cierra al mes y qué indicador cumple. Publicar esa data. El que no pase el filtro, fuera.
-Estructura por demanda real. Con 850,000 usuarios potenciales, Nueva York necesita más técnicos, digitalizadores y oficiales de protección, no 28 vicecónsules. Un estudio de tiempos y movimientos puede definir la plantilla óptima. Si son 90 personas, que sean 90. Y que todas trabajen.
-Tope legal y consecuencias. Reformar la Ley 630-16 para que violar el 75% de personal de carrera implique sanción presupuestaria. Si un consulado incumple, al año siguiente recibe 20% menos de fondo operativo. El dolor fiscal obliga a ordenar la casa.
–Transparencia total. Nómina con nombres, cargo, funciones y horario, colgada en la web del consulado y actualizada cada trimestre. La presión de la diáspora es el mejor auditor.
El Consulado de Nueva York no puede seguir siendo la caja chica de la política dominicana. Es la principal oficina de servicio a la comunidad que sostiene la economía nacional con remesas. Tratarla como nómina de reparto es dispararse en el pie.
Reducir la nómina CB no es antipatía contra nadie. Es respeto al dominicano que madruga en el Bronx para sacar un acta, al que paga 200 dólares por un pasaporte y al que financia todo ese aparato con sus impuestos y su nostalgia.
Nueva York merece un consulado, no una agencia de empleos.


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Típico de un estado clientelar en donde politiqueemos hacen proselitismo a cambio de cargos para los que no tienen ni el bagaje ni la preparación técnica, una botella. Lo que es interesante es que la diaspora dominicana puede comparar esa corruptela con las practicas que vemos en nuestros países de acogida y esa vision de algo mejor nos pone en posición y obligación de exigir mas de nuestros gobiernos.
Errata; donde dice; «politiqueemos» debio decir; «politiqueros»