Tokischa, la sombra del descaro (OPINION)

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El pudor se podría definir como el último refugio de la dignidad humana y el respeto hacia uno mismo; sin embargo, no representa una norma sin forro o arcaica, sino un valor esencial que protege la intimidad frente al desorden del mundo externo, por eso, cuando se extralimita tiende a desvanecerse, y además de perder, también se convierte en la frontera crítica en lo sagrado de la privacidad y lo vulgar. En adición a esto, es oportuno destacar que una sociedad carente de pudor camina irremediablemente hacia una profunda degradación de sus cimientos morales y éticos.

Ahora bien, ¿por qué la esencia tridimensional de este análisis?, sencillo, en razón de que la moral funciona como un tejido invisible que permite la convivencia armónica bajo principios de orden y respeto, no se trata de una herramienta de represión, sino de la comprensión de que los actos individuales impactan al colectivo; y es así como el respeto hacia los demás exige no imponer visiones que agredan la sensibilidad visual o la integridad moral del prójimo, visto que la verdadera libertad de expresión encuentra su límite natural en el derecho ajeno sin que caiga en la violencia inapropiada.

El respeto mutuo constituye la base de cualquier civilización que se pretenda llamar avanzada y plenamente humana, sin esta premisa, los individuos se transforman en seres errantes que solo persiguen el impacto mediático y el ruido vacío. En el trajinar de la vida, el decoro debe ser entendido como una forma de cortesía necesaria hacia quienes comparten el espacio público sin importar el escenario donde se encuentre. Este razonamiento nos indigna visto que en los últimos años la ausencia de respeto ha transformado las galas internacionales en escenarios de exhibicionismo barato, alejados de cualquier propósito artístico.

La existencia de una creciente y preocupante confusión entre la legítima transgresión artística y la falta absoluta de vergüenza pública se puso de manifiesto con la “rapera” Tokischa en una alfombra roja, donde su estupidez y falta de respeto dejó claro de cómo este síntoma vulnera la imagen de todo un país, mediante el observatorio crítico y la exposición innecesaria de una mujer dominicana que no representa el arte, sino más bien, un evidente vacío de valores, por tanto, cabe preguntarse ¿dónde ha quedado la elegancia y el orgullo de representar a un país con la debida dignidad institucional?

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Feminidad vs masculinidad

Resulta necesario cuestionar: ¿Qué sucedería si un artista masculino decidiera emular una conducta de tal naturaleza en un evento similar? – Vamos al grano sin dejarlo en el sembradío-, imaginemos a un hombre luciendo una chaqueta, pero con un pantalón que permita la exhibición del pene en público, pues sin dudas que el escándalo sería monumental, ya que las autoridades dominicanas actuarían con inmediatez ante ese comportamiento punitivo, que acontece porque la doble moral de la industria televisa, segmentada por las redes sociales, permite a ciertas figuras lo que a otros llevaría directo a la cárcel.

En síntesis, si un hombre desfilara por la alfombra con sus genitales expuestos, el repudio social sería absoluto, unánime y sin matices, en razón de que ningún analista se atrevería a hablar de “aceptación corporal” ante una imagen calificada como grotesca y fuera de lugar, además, ese sujeto sería tildado de pervertido y su trayectoria profesional quedará destruida bajo el peso inexorable del rechazo colectivo, una muestra evidente para aquellos hipócritas que hoy día justifican con decoro el descaro y la perversidad de la mencionada artista Tokischa.

República Dominicana se cobija con el manto de una figura provocadora sexualmente, disruptiva y transgresora. Es indignante observar el uso del cuerpo humano como una herramienta de marketing para forzar una fama que el talento no logra, a pesar de que la desnudez gratuita en eventos de clasificación familiar constituye una agresión directa contra la moral de la infancia y la juventud.

Las cadenas de televisión le fallan al público que le sigue en su misión, tras permitir que el morbo comercial supere el respeto por su audiencia, o sea, no se trata de una pasarela de alta moda, sino de una flagrante falta de respeto a los hogares, a la familia en su conjunto.

Duele observar que la identidad se asocie internacionalmente con espectáculos de una naturaleza tan marcadamente vulgares y ofensivos. El patrimonio cultural y la bandera dominicana merecen representantes que comprendan el peso y la responsabilidad de su presencia pública. Estamos en medio de un escenario donde la dignidad nacional es subastada a cambio de titulares efímeros y el aumento de la métricas de redes sociales, cuando en esencia la mayoría de los receptores prefieres la sobriedad que genera respeto genuino, no así, la desnudez que solo busca provocar un asco social.

El concepto de “libertad de expresión” no puede utilizarse erróneamente como un escudo para proteger cualquier acto de inmoralidad en el espacio público, porque la libertad despojada de responsabilidad no es más que libertinaje y una muestra clara de inmadurez para los individuos. Un artista con verdadero legado no requiere de la desnudez para que el mundo reconozca su maestría o su mensaje, mucho menos una teta destelengada. “La obra de arte trascendente brilla por su profundidad intelectual y técnica, nunca por la desnudez y el exhibicionismo de conciencia insoluble” (MB).

La desnudez y el morbo de Tokischa, son un mensaje distorsionado para las nuevas generaciones sobre los requisitos necesarios de alcanzar el éxito y la relevancia pública, mediante la proyección de que el escándalo es el camino más corto para destacarse en un mundo competitivo, por tal motivo es preciso establecer límites éticos y claros, porque de lo contrario, el concepto fundamental del respeto desaparecerá de la convivencia social. Esta sociedad confundida tiene el deber de exigir que los eventos masivos mantengan un estándar mínimo de decencia y decoro.

Univisión y el código de vestimenta

Corporaciones como Univisión, deben asumir con responsabilidad social el implemento de códigos de vestimenta rigurosos y obligatorios a los “artistas, celebridades” e invitados a sus programaciones, ya que no es ético seguir facilitando una plataforma a quienes han perdido el sentido básico del pudor y de la vergüenza. La televisión de alcance global debe volver a ser un espacio seguro donde la familia pueda reunirse sin sobresaltos, porque es así como se protege la sensibilidad de aquellos ciudadanos que todavía consideran la moral como un pilar de la civilización.

Pueblo dominicano, la dignidad humana es un bien común que no debe sacrificarse bajo ninguna circunstancia para alcanzar la cima y llegar al altar de la fama. No, Así No. El pudor es lo que define la esencia humana, el respeto permite una vida organizada en sociedad y el futuro artístico de contar con figuras que eleven la cultura en lugar de degradarla con exposiciones que constriñen los valores.

Tokischa: “El pudor no es una mordaza a la libertad, es el guardián de la intimidad; pues cuando la moral se rinde ante el espectáculo y el respeto se disuelve en el exhibicionismo, el ser humano pierde el poder de ser valorado por su esencia y queda reducido a un simple objeto del morbo ajeno” (MB).

jpm-am

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