El lunes el principal titular del periódico local más antiguo decía: “el 60% de los jóvenes está atrapado en la hookah”.
Es mentira, claro está, pues en un país de diez millones de habitantes con una tercera parte menor de 15 años de edad, esa cifra sería astronómica.
Tampoco explicaba qué es una “hookah”, en español narguile o narguilé (galicismo proveniente del persa), pipa para fumar tabaco común en el Levante e Indostán, con un tubo flexible desde el cuenco quemante que sale de un recipiente con agua perfumada, a cuyo través se aspira el humo, como las “water-pipes” para marihuana u opio. Disparatar es poca cosa considerando que en la misma crónica un médico dice:
“Estar en un sitio donde se fume hookah una hora es igual a haberse fumado cien cigarrillos, aunque no esté fumando”. ¡Recórcholis! Si fuera cierto, equivaldría a casi 1.7 cigarrillos por minuto, una locura. Un amigo reaccionó diciéndome “¡bueeh…!” y pensé que ya no importa nada cuanto publiquen nuestros diarios.

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