En las entrañas de la naturaleza humana vive una tendencia inercial que invita a idealizar, a construir ciertas imágenes en la mente que convierten a ciertos personajes de la política local en seres que jamás fueron, ni serán. Se trata de una inclinación casi instintiva que mezcla lo que se desea con la realidad.
Los defectos de estos se disimulan y las virtudes se multiplican, lo que engendra un enorme riesgo, no por esa transición que inevitablemente concluye, sino por la inexorable aparición de la frustración que asoma.
En el tema político, un liderazgo personalizado que descansa en el sistema de prebendas y sobrecitos que no es más que una forma descarada de hacer una política clientelar y de despojo en base a los recursos del presupuesto nacional, impera en R.D. En eso es que se basan actualmente los mal llamados líderes políticos partidistas en Quisqueya.
Todos se ponen donde el capitán los vea y suben a redes y medios toda su gestión, nadie tuvo fallos, aunque pueblo ve temas no resueltos.
Muchos logran el efecto vía, repartir dádivas y prometer cargos en el gobierno a los seguidores y simpatizantes y miembros del partido, eso es normal; repartir lo que es de todos, entre unos pocos agraciados, en un sistema de padrinaje, clientelar y de demagogia, de pleno siglo XIX, no, reproduciendo de forma aberrante la corrupción a todos los niveles dentro de los miembros y simpatizantes del partido y en la población en general
Por eso, las redes sociales hierven con acrimonia, esa mordacidad jocosa que suele hacer tan a menudo el contento, y risa de los demás, con histeria y maniqueísmo.
Cuesta creer que nos estemos convirtiendo en una sociedad de individuos deleznables, intolerantes, burlones, usando esa careta por no tener capacidad para discutir con altura y se recurre a la burla y relajo.
No menos cierto es que en el inicio de una gestión se debe aprovechar al máximo, para poner los puntos sobre las íes a todos, dándoles un sentido a lo que se van a encarar, precisando parámetros transparentes, reconociendo que debe venir a la nación una austeridad, prudencia y reforma fiscal
Eso no garantiza que la sociedad acepte esas formulaciones mansamente. Siempre la gente aspirará a más. Si les dices que estamos bien, creciendo, entonces la gente exige más, eso es muy razonable. Después de todo, los ciudadanos también ponen la agenda sobre la mesa y exigen de acuerdo con sus percepciones y necesidades.
La solución salomónica es el equilibrio, como dice Abinader ni apretar ni aflojar mucho. Gradualmente lo aceptaremos.
jpm-am


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