Este es Fremio «el loco manso» del Congreso, el que siempre andaba con un radio escuchando noticias; el que a pesar de su «demencia», estaba enterado de todo lo que pasaba en el país y el que cotidianamente pedía ayuda a los que pasaban a su lado, principalmente a los congresistas.
El que hablaba locuazmente de política, el que saludaba con agrado a todo el que le pasará por al lado y el que convivía entre legisladores y periodistas que cubren la fuente de la Feria.
Está mañana lo vi en una silla de ruedas, maltrecho, sucio, con barbas, casi sin voz y delgado, como si estuviera esperando la muerte. Luego al pasar nuevamente por el lugar lo observé tirado en la acera, próximo al Colegio Dominicano de Periodistas y la Suprema Corte de Justicia, en la Feria, sin que nadie lo socorra ni se condiela de él.
Entre la pena y dolor me pregunté: ¿Qué institución pública o privada lo puede ayudar para que sus últimos días no sea tan miserable? A veces qué triste es la vida para muchos, mientras otros la desperdician, y que injusto es el mundo, porque mientras unos tienen mucho, otros no tienen nada.
jpm


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