El fenómeno Luis Abinader y el slogan «El cambio» ha sido un intento fallido, ya que el mandatario ha dejado claro ante la población que no sabe cómo resolver los problemas nacionales en tiempos difíciles.
Al principio con el correcto manejo que realizó con la crisis sanitaria Covid-19 el pueblo pudo entender que sería igual una vez abriera la economía y su gobierno echara andar 24/7.
Sin embargo, la creciente inflación, el deterioro económico, la baja rentabilidad de los salarios, sumado a la escasez de productos básicos, los aumentos desproporcionados de los precios de los combustibles fósiles, la improvisación en algunas políticas públicas, la deficiencia en el servicio exterior y para colmo de madre, propuestas fallidas de reformas tributaria y Constitucional sin fundamentos jurídicos, ha dejado en evidencia al presidente Abinader como el más grande populista que ha pasado por el Palacio Nacional.
Con lamento hemos observado que un programa de periodismo de investigación nacional, ha sido quien ha trazado en varias ocasiones, la línea a seguir al gobierno en materia de prevención y lucha contra la corrupción y por vía de consecuencia mediática, es ahí cuando aparece haciendo gala del citado populismo con cancelaciones y suspensiones que luego quedan en nada.
Igualmente dice que su Ministerio Público es independiente. No obstante el pueblo se ha quedado esperando ciertos sometimientos e instrucciones de expedientes judiciales de casos sonoros que, ante los ojos del electorado, les sirvieron de tema de campaña con éxito.
Por acciones como está, es que el pueblo dominicano está contando los días y las horas hasta las elecciones presidenciales de 2024 para tomar la mejor decisión posible: el regreso del doctor Leonel Fernández, el líder político con mayor experiencia en resolución de crisis.
El pueblo quiere comer barato y ver el dinero circulando en las manos del pobre y la clase media con respaldo monetario del banco central.
El presente gobierno está impregnado de un alto grado de nepotismo, donde familias enteras (madre, padre e hijos) forman parte del gobierno y hasta en la misma institución. Un gobierno donde las élites empresariales tienen sus representantes con rangos ministeriales con oficina palaciega y de direcciones generales.
Por todas estas adversidades, el país necesita ser dirigido por un líder con temple de acero, con visión de halcón, acompañado de un gran equipo de gobierno compuesto por hombres y mujeres con experiencia de estado, así como de jóvenes innovadores que garanticen la modernización del Estado y una mayor eficiencia de la administración pública, la cual ha sufrido un revés importante.
jpm-am


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