“Ubres de novelastra”: ¡exuberante 

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EL AUTOR es presidente del PLD en Washington, donde reside.

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No sé si don Federico Henríquez Gratereaux (Premio Nacional de Literatura 2017) tuvo alguna conexión -o más lógico, viceversa (fue el cubano)- misteriosa-esotérica o coincidencia temática con Leonardo Padura y su novela-monotemática “El hombre que amaba los perros” (2009), porque los planos y la atmósfera narrativa -cuasi policíaca- se asemejan mucho; aunque, Ubres de novelastra (2008) es un cuadro sociocultural y multitemático sobre las desventuras de una época, de unos regímenes-dictaduras y de una juventud-generación que solo respiró caos y delación en el contexto-histórico de un siglo -el XX- de convulsiones-guerras, “garrotazos”, utopías, fugaces-destellos de romanticismo, y sumisión colectiva-obligada, amén, en el caso nuestro, de ciertas adhesiones -intelectual-generacional- “atrapadas” (…).

Al margen de esa semejanza (fragmentación-bifurcación), por Ubres de novelastra se cuela todo el drama político, psicológico y existencial de una época que el autor logra armonizar y atrapar, con garras y destrezas -una suerte de ensayo-experimento novelesco-periodístico-, en múltiples-“escamas”, tiempos contrapuestos y episódicos sicodélicos cual pasarela de disímiles personajes, todos reprimidos, segregados, espiados, censurados o ahogados por una superestructura de poder intolerante-absolutista: “Sé de un escritor argentino al que negaron premios literarios en su país, que fue echado del empleo por el gobierno. Era un notable escritor; su desgracia obedecía, precisamente, a la alta calidad de sus escritos y a la dignidad de su persona”, (pág. 25, Oct.). De ese episodio, o parecido, si no me equivoco, emergió el Borges conferencista.

No hay duda, que el telón de fondo histórico-político de Ubres de novelastra no encuentra otra ubicación geográfica-cultural que los regímenes totalitarios desde El Caribe, Sudamérica a los intersticios de sus siameses de Europa del Este (y su órbita-epicentro: la URSS-Lénin-Stalin). Y esos mundos se encuentra y desencuentran hasta el cansancio y la rebelión.

Un recurso genial, en Ubres de novelastra, es la reconstrucción -si se quiere, dolorosa-cinematográfica- de la memoria como resorte recurrente “…los sucesos trágicos dan vueltas en redondo, que reaparecen al cabo de quince años, de siete a treinta, como si fuesen contractos con plazos fijos”. Pregunto: ¿A cuántos trujillistas -que aún escriben-respiran- les estará ocurriendo semejante tortura?

Ubre de novelastra es una novela volcánica  y escrita con todo el rigor y la pericia de un escritor-periodista en pleno dominio de la técnica y lo que quiso contar aunque “ficción” (¿…?). Pero, quien haya vivido lo que el autor vivió -y narra-, no puede descargarse con semejante excusa (ficción). Porque Ubre de novelastra es la tragedia, agridulce, de una centuria signada por el caos, el totalitarismo, las guerras y el dolor… (¡Léanla!: es un refugio magistral de la memoria).

 

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