Por más vuelta que le da en su cabecita, no logra entender cuál fue el error que cometió. ¿Por qué estoy aquí?, si yo no he hecho nada malo, se repite sentada en cuclillas en una esquina, mientras las lágrimas le corren por su rostro. Desde niña ha vivido con su hermana. Sin recursos económicos, pero con todo su amor la ha criado. Cuando llega de trabajar, limpiando casa, encuentra la comida lista y todo limpio, yo me encargo de eso, además de cuidar a mi bebé. Como es habitual en nuestro país, empezó a tener relaciones sexuales a muy temprana edad. Estudiaba en la escuela pública y nadie le habló de educación sexual y reproductiva, de la importancia de protegerse de las infecciones de transmisión sexual, ni de los beneficios de posponer un embarazo. Cuando se enteró que solo era fértil unos días del mes se molestó, exclamó como una niña, en fin, como lo que es: “¿Por qué no me lo enseñaron, esos días no hubiese tenido sexo?” El que juega con fuego, se quema. Estephany se embarazó a los 15 años, mientras la panza le crecía, se ajuntaba para disimula hasta que Rita, su hermana le dijo que esa barriga no es de indigestión, que un embarazo es difícil de ocultar. La escuela le ofreció dos alternativas para no perder el año escolar. Como si hubiese tenido una falla académica, quizás la cometió en una materia que nunca le dieron, educación para la vida. La primera alternativa era darle los exámenes a fin del año pero sin asistir a clases, así no crearía ruido, o transferirla a la tanda nocturna. Estephany, con el dolor de su alma, y como muchas adolescentes embarazadas abandonó la escuela. Es educada por los programas de televisión populares, su fuente de enseñanza. La cultura es movimiento y responde a intereses. Desde que tiene uso de razón, escucha a todas horas del día comerciales promocionando el uso del alcohol. Está en una celda por repetir un modelo aprendido, por darle alcohol a su bebé, y como toca en estos tiempos, compartirlo en las redes sociales. Los que se niegan tomar las medidas necesarias para que las niñas no se conviertan en madres, son los responsables. Estephay es el producto de las decisiones del Estado dominicano, por su indiferencia con las pobres. La maternidad no es un juego de niñas. Sin su bebé, su juguete desde que Dios lo puso en su vientre, Estephany llora en la cárcel, sin entender la falta cometida. Nada más inhumano.
Sin entender la falta cometida
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