El auto, lujoso e impecable, se desplaza por entre curvas y pendientes; los pinares se mecen suaves en la noche oscura. Al final de una breve recta se alcanzan a ver algunas siluetas y luces pero su presencia no perturba la seguridad ni el confort del conductor. La siluetas cobran formas y colores, se convierten en una docena de hombres uniformados, grises, armados e inciertos que le instruyen a detenerse.
-Hay toque de queda comando y usted lo está violando- advierte uno de los hombres mientras con una linterna escudriña el interior del vehículo percatándose de la mujer que acompaña al conductor, del lujo que a fuerza de ser tan evidente casi ofende y termina centrándose en la cara del hombre, seguro de sí mismo y presto a manejar el inconveniente.
Los miembros de la patrulla le hacen ver la violación en la que ha incurrido. Hablan con el hombre sin descuidar el tono y muy conscientes del poder que puede haber detrás. La palabra comando suena ahora en ambas direcciones.
No pretende andar en una diligencia médica ni invoca una emergencia familiar; nada que pueda atenuar su falta. Se cree, se siente y se sabe por encima de la ley que se aplica a los demás y por eso, porque tiene dinero y contactos y acaso más que eso, poder.
-Vamos a ponerle al General Dipré para que les diga quien yo soy- proclama el hombre detenido por la patrulla en Jarabacoa.
Siguen intercambiando explicaciones, todas muy amables, la patrulla no está segura de cómo proceder.
Dicho y hecho. Llama por su celular, habla con Dipré, le pide ayuda, le dice que anda en la Maserati y anuncia que pasará el teléfono a la policía.
Dipré, autoritario, inquiere por el comandante. El teniente se identifica. La situación se resuelve.
Si alguien que no anda en una Masserati ni tiene acceso al general Dipré, viola la ley y transgrede el toque de queda ¿qué le sucede?
¿Como es posible que el General Dipré no haya sido ni siquiera amonestado y que el gobierno no se dé por enterado?
¿Cuál es la conclusión inevitable, obligatoria, a la que llegaron todos los miembros de esa patrulla? O ¿acaso vamos a pretender que no pasó nada? Y después cuando veamos a uno de esos policías picoteando o chantajeando o abusando de alguien ¿vamos a pretender sorpresa u horror?
Ningún ciudadano de a pie, ninguno de los que luchó y lucha por adecentar este país puede sentirse cómodo con lo sucedido sino preocupados unos, indignados otros por el indudable efecto desmoralizador de la experiencia. Y por favor, no me venga nadie con hipocresías.
Si se quiere mandar un mensaje de cambio al país solamente tenían que meterle 15 días de arresto al general Dipré y piense el lector el tamaño y el peso del mensaje que se le mandaba al país versus el mensaje que ya se le ha mandado.
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JPM


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