Después de las calamidades generadas por la pandemia del Covid-19, los fenómenos atmosféricos y sus grades daños, las locas guerras que agobian al mundo, el saqueo de Senasa, las mentiras cibernéticas, la masiva ocupación de haitianos y la proliferación de los Fakes News, los dominicanos esperan que el año 2026, traiga grandes soluciones.
La esperanza es lo último que se pierde, dice un viejo refranero y los dominicanos sensatos, sobre todo, los de generaciones que conocieron la paz y la armonía, añoran un país sin delincuencia, con transporte organizado, sin motoristas abusadores, militares ni policías mafiosos, funcionarios al servicio de la patria y educadores equilibrados que mejoren la calidad de la enseñanza.
La nación espera iglesias que sirvan a Dios, no a los intereses, la políticas o a ideologías que no conocen la moral ni el valor de los humanos, que matan, roban, intimidan y traicionan a su propia nación a cambio de canonjías que satisfacen solo su angurria particular.
Los dominicanos se convierten en pueblo cada cuatro años para escoger a autoridades que guíen su destino y su esperanzas se centra en la solución de problemas elementales como alimentación, vivienda, educación, salud, libertad, respeto y la genuina valoración a los símbolos patrios y la soberanía nacional.
Al iniciar el segundo cuarto del siglo21, justo es que los dominicanos tengamos un respiro, que se permita gobernar a quienes tienen ahora la oportunidad, que la gente entienda que su vecino más cercano es su mejor hermano y que la paz ha de comenzar por el respeto a los demás, sin iniquidades, abusos y desconsideraciones con los que menos tienen, premiando a los poderosos, con una injusta justicia que obedece sin cordura a esos intereses.
Que el 2026 traiga nuevas luces que iluminen a los políticos, a las fuerzas militares y policiales; a los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial, para que las leyes, sentencias, decretos y otras acciones que ligan la vida del ciudadano se produzcan con equidad y verdadera justicia.
La esperanza no se pierde, fortalece la fe y la comprensión, pero cuando la población se cansa el reclamo es indetenible y sus decisiones irreversibles. Comencemos ahora a trabajar con entrega, pidamos y apostemos por una nación próspera, digna, justa y amorosa, equilibrada y comprensiva. Esperamos soluciones en el 2026.


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