Pesadilla tremebunda de la Feria del libro

 

 

 

El gobierno se gastó 80 millones de pesos en la 20ava Feria del Libro celebrada en la capital Primada de América. Todos los libreros llegaron allí con ínfulas de hacer zafra en medio del cañaveral de los ingenios disfuncionales.

 

El gobierno de Danilo Medina reunió un conglomerado de ciudadanos con el deseo de participar, pero el asunto es que en estas Ferias los gobiernos deberían decirle a los libreros de que los libros lo deben vender a un 50% y en vez de gastarse 80 millones se gasten menos y el resto lo gasten en incentivos de bonos para darle a los niños para que tengan sus libros.

 

Entré al Pabellón del país invitado. Fue una lástima. Los libros se quedaron en Panamá desde los fundamentos de la república del cono Sur con su rica historia. La excusa es que en Panamá dicen le retuvieron los libros y según el Embajador dominicano en ese país, doctor Marino Berigüete, nos manifestó que como era lo de semana santa y dias festivos de navidad y año nuevo la cosa se hizo muy difícil. En esa época los panameños están de fiesta.

Pero en definitiva los libros no llegaron a tiempo. El mismo Berigüete nos manifestó que el pueblo dominicano debe tener la certeza de que esos libros lo van a distribuir por bibliotecas a nivel nacional. En ese sentido, ya se ha podido comprobar que los libros que dejan los países en el ministerio de cultura no llegan al lugar con el propósito que se han destinado. Muchos escritores engrosan sus bibliotecas con esos libros que sobran. Sobran porque no llegan a tiempo y sobran, porque los venden como un argumento e instrumento de lujuria.

 

Mucho después de este desparpajo están optando que la Feria se mueva a un lugar techado como San Souci o el mismo Estadio Olímpico. Que el gobierno les dé incentivos a las escuelas para que los niños o jóvenes estudiantes vayan con un bono para conseguir algunos ejemplares, para su conocimiento y beneficio personal. Fue una pena ver a los profesores comiendo helados y los niños como si fueran pordioseros pidiendo a ver si les regalaban un libro. Los libreros y editoriales enfatuados, porque pensaban que cada libro era un lingote de oro.

 

Decía Avellaneda que «Cuando oigo que un hombre tiene el hábito de la lectura, estoy predispuesto a pensar bien de él.» Todo el mundo conoce que quien fundó la Feria del Libro fue un evangélico llamado Don Julio D. Postigo oriundo de San Pedro de Macorís.

 

Aterricé en la Feria del Libro en Dominicana bajo agua torrencial que agrupaba en puntos de muchedumbre.

TIGUERAJE

 

Una tarde gris, melancólica y triste  donde en el frontispicio del Teatro Nacional el tigueraje era tan grande que las mismas autoridades se quedaban asombradas con los supuestos cazadores de cultura literaria… continué caminando; el agua tremebunda; el calor espantoso y en los estantes en su mayoría encontraba ventas de lápices; venta de paquitos; venta de cuadernos y mucha literatura fuera de moda… en las presentaciones encontré loas a todos los comunistas del país… ante la indiferencia de la mayoría de los ciudadanos que pasan por ahí buscando donde encontrar agua para beber en vez de escuchar los cánticos de sirena de los mismos sinsontes de siempre…

Pasando por el estanquillo de la Cultura Cubana de Fidelón y su camarilla. Sólo estaban vendiendo posters de El Che y Fidel Castro. Se escribió un proverbio indú que afirma: «Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora.» Allí nada de eso existía, sino un tumulto escuchando a Raperos entonando sus expresiones callejeras y fuera de lugar… continué caminando y entré a un pabellón esperando encontrar algún amigo escritor; un buen estante para comprar libros…

 

En vez de una Feria lo que encontré allí fue una refriega. Una insolente forma de burlarse de los que pensamos. Un negocio peor que el de la Frontera.

 

Ya de niño y en tantas ocasiones mi padre me decía que leer era una disciplina y que los valores de la grandeza del hombre se manifestaban con los libros que se leían y no en los que se escribían. Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer.

FRUSTRACION

 

Continué mi caminata entre puntos y puntos mirando entre lugar y lugar a ver si encontraba libros… Le pregunté a uno de los más viejos dueños de uno de los estantes en cuestiones de Feria, porque ha estado en todas por los libros de Don Emilio Rodríguez Demorizi y me envió a cuatro lugares sin haber encontrado uno; pregunté por los libros de Manuel de Jesús Galván la obra más grandiosa en toda la historia del país y no pude conseguir ninguna; me volqué al estante de los poetas y pregunté por Don Fabio Fiallo y nadie conocía quien era el poeta del amor… pregunté por obras históricas y de escritores que deberían producirse y reproducirse cada año y fue infructuoso…. desde Pedro Mir hasta Juan Isidro Jiménez Grullón. Pregunté por Galaripsos de Gastón Fernando Deligne, el más grande poeta que ha dado el país en toda su historia y no saben quién es….

 

Mi caminata por esos callejones de la ignorancia me llevaba a creer que estaba ante la presencia del Entierro del Enterrador, aquella famosa novela de J. A. Albertini. Cada paso era más frustrante. No encontraba libros de los que me gustan para empaparme del saber universal, local o coloquial hasta que de repente me detuve… miré fijamente su fotografía. Era la fotografía del Presbítero Félix Varela el hombre que nos enseñó a pensar. Di unos pasos dentro de aquella marcada frustración, y me detuve. Saludé al presbítero; le rendí honores. Respetos. Me dejó en ese estante un paseo por su marcha de la existencia aquel relato titulado Por la Vida y el honor en las cortes de España 1822-1823. Compilado por Manuel Pablo Maza Miguel, S.J. Lo vi de nuevo al presbítero y recordé que Félix Varela vivió en una época semejante a la nuestra en la cual ocurrieron transformaciones dramáticas en la sociedad. Después de siglos de vigencia, la monarquía, el papel de la Iglesia en la sociedad, la propiedad de la tierra, la elaboración de las leyes, la sociedad estamental y el absolutismo, por citar sólo unos elementos, fueron cuestionados desde sus fundamentos. Varela vivió y se desempeñó como presbítero y diputado en medio de aquellos cambios enormes. Sus respuestas iluminan la nuestras hoy en día.» Cuando encontré a Varela y lo abracé tiernamente el recuerdo de Borges vino a mi mente: «Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca.»

 

Agobiante ante la mirada ríspidas de personas que me miraban como diciendo, ¿será o no será? Continuaba la caminata buscando la salida final. Yo soy un distraído por Naturaleza, y presto muy poca atención a los acontecimientos que me rodean; paso cerca de ellos, o estoy en medio de ellos, con la indiferencia de un sonámbulo que atraviesa un peligro; paseo en dosis máxima la facultad de aislarme, de abstraerme, de permanecer ajeno a todo lo que me circunda, como si poseyese una Vida distinta a los seres y las cosas que actúan en torno mío.

 

Y para poner punto redondo a esta pesadilla tremebunda de la Feria del libro, todo el mundo escuchó con rabia un gagá como pieza nacional dominicana en esa ya famosa Feria del Libro en que el tigueraje y las malas artes se han apoderado de ese entorno donde los libérrimos beben de todo, fuman mariguana y huelen cocaína en nombre de la cultura y la Feria Nacional del Libro.

 

Acabo de salir de allí. No regreso más… y para que quede claro entre nosotros y no se lo digas a nadie: Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro. Emily Dickinson (1830-1886) Poetisa estadounidense. Lo que me molesta es que La Feria del libro en RD la fundó Don Julio Postigo, librero y editor evangélico y no ningún otro. Un hombre que le dio su sabiduría a tanta gente y miren ustedes en qué clase de fandango ha terminado todo esto…

 

Por 80 millones de pesos que les ha costado al Pueblo Dominicano la 20ava. Feria del libro.

JPM

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