Desde que me integré a las actividades de la comunidad dominicana en Puerto Rico me he llevado muy gratas emociones por la forma cómo apoyan mis compatriotas de corazones nobles al saber de una situación de salud de uno de los nuestros.
Una vez se enteran de que alguien está pasando por un mal rato, los dominicanos organizan eventos pro recaudación de fondos, para dar ésa mano amiga y solidaria que a veces hace tanta falta entre las comunidades inmigrantes en esta isla.
Entre los casos que me han revivido el orgullo de ser dominicana está el de la joven Franchesca Duarte, a quien le fueron amputadas sus piernas tras un evento de violencia doméstica (el padre de su hija la pilló contra una parde con su auto en el sector de Barrio Obrero, de Santurce). Ahí nuestra gente se «botó» en ayudas para la afectada.
Luego, se efectuaron varias actividades para el ex karateca Dámaso Guzmán, quien requería miles de dólares para un trasplante de riñón al cual fue sometido con éxito.
Asimismo, mi alma se engrandeció cuando unidos como quisqueyanos apoyamos a la señora Aida de los Santos, a quien acusaban de haber asesinado a su jefa, Georgina Ortiz.
Todos, como hermanos, no solamente asistimos al tribunal a respaldar a Aida, sino que se unieron elconsulado dominicano, políticos, diputados de ultramar, empresarios, líderes comunitarios, organizaciones quisqueyanas y miembros de la comunidad para buscar fondos en beneficio de una hermana que estaba a punto de ser condenada por un acto que no cometió.
Este domingo en la tarde, nuevamente mi comunidad dominicana se volcó en solidaridad con el agente puertorriqueño Gabriel Medal Díaz, quien sufrió un accidente cerebrovascular en un viaje reciente a la República Dominicana.
Observé a decenas de compatriotas hablar con su presencia, con sus rostros alegres y corazones nobles en la Gran Logia Soberana, de la avenida Ponce de León, en la parada 25, de Santurce.
Los dominicanos demostramos que sí somos agradecidos, dejamos claro que no importan las nacionalidades, si slguien necesita ayuda, ahí vamos y cooperamos.
Honestamente, el teniente retirado Gabriel Medal no se cansó de agradecer a los dominicanos que realizaron varias actividades pro fondos para costear sus gastos médicos y tratamiento.
El domingo, las muestras de que somos un pueblo de corazón gigante que agradece la hospitalidad que se nos ha brindado en Puerto Rico salieron a flote. Así somos los dominicanos, compartimos lo mucho y lo poco.
Me sentí, y debo decirlo, muy orgullosa de mi gente, de mis hermanos de la tierra de Duarte, Sánchez, Mella, Luperón y otros patriotas de gran valía.
La solidaridad es uno de los valores humanos por excelencia, es la colaboración mutua de las personas.
Hoy fue el boricua Gabriel Medal, mañana puede ser cualquiera de nosotros, que vivimos lejos y cerca de nuestra República Dominicana.
Justamente, estoy convencida de que las manos que dan, esperan


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