Por PASTOR VASQUEZ
(Dedicado al almirante Sigfrido Pared Pérez, un monumento a la prudencia)
El presidente Ulises Heureaux (1882-1884 y 1887-1899-Poder detrás del trono 1884-1886) fue uno de los hombres de Estado más inteligentes que tuvo la República Dominicana en toda su historia. Sabía manejar la política interior y exterior con gran astucia y sagacidad, pese a que no era un hombre de letras sino de espada.
El general Heureaux, que hablaba francés, inglés y creole, fue un maestro en el manejo de las relaciones dominico-haitianas. En mi libro “El Presidente Heureaux y los gobiernos haitianos (1887-1899)”, volumen 3 de la colección “Misiones Dominicanas en Haití”, que pronto estará en circulación, traigo un pasaje que debe servir a los diplomáticos, militares y políticos de hoy.
El 17 de mayo de 1893, Heureaux encomienda al general Rafael Rodríguez, comandante de Dajabón, darle la bienvenida al presidente haitiano Florvil Hyppolite, quien visitaba en esos días la frontera haitiana de Ouanaminthe. A seguida le da algunas instrucciones, que contienen reflexiones sobre el comercio fronterizo, la alta política y el arte de la prudencia, que son dignas de ser conocidas por las presentes generaciones:
“No le dé importancia a la manera cómo rigen los haitianos sus asuntos, pues debe importársenos que ellos vengan… a nosotros no nos perjudica su ausencia de nuestro mercado. El comercio es libre y cada cual lo ejerce a su manera, así es que no debe ponerles ningún obstáculo a los nuestros, al contrario darles franquicias para que libremente puedan llevar al territorio extraño nuestros productos a fin de crearles allá, en su propia casa, necesidades que más luego les hará falta…”
“Nosotros no debemos seguir la práctica establecida por los haitianos, ellos no tienen política fija, ni saben observar las evoluciones del tiempo, por eso es que su política es enteramente refractaria y esa circunstancia es la que nos favorece y los obliga en las cosas graves a transigir con lo que queremos. Sigue esta, esta pausa es la que conviene observar. Quiero ir dándote nociones de alta políticas, pues que ahí en donde está debes inspirarte en esas doctrinas y para ese fin te he puesto ahí.”
“El Presidente Hyppolite debe llegar a Ouanaminthe al otro día de haber (usted) llegado, pasarás en persona al otro lado y lo saludará de pie –sin extenderle la mano-, y le dirás estas palabras: “Excelencia, tengo orden del Presidente Heureaux de presentarle sus respetos y ofrecerle mis servicios en mi calidad de Comandante de Armas de la plaza y la común de Dajabón”.
“Terminado este acto, usted le pide permiso para retirarse, siempre sin extenderle la mano a menos que él no se adelante a darle la suya, sino le manda a sentarse no intente hacerlo, si lo manda a que se siente lo hará por muy poco minutos, se levantará, lo saluda con cortesía y se retira a ocupar su puesto. Ese es el rigor de esa ceremonia, debes ir acompañado de un guía que se haga cargo de tu caballo al momento de desmontarte y un oficial que se quede fuera, junto con el guía, esperándote…”
“Repito, no les pongas obstáculos a nuestros habitantes nacionales en el libre ejercicio de su comercio de industrias y productos nacionales.”

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