Ha pasado una década y nos volvemos a encontrar ante una crisis generada por una situación sanitaria, que vuelve a poner en entredicho los cimientos del capitalismo y del desarrollo económico como lo conocemos. Volvemos a la discusión sobre las relaciones entre economía, sociedad y estado que resultaron de las políticas neoliberales de finales del siglo pasado.
Gobiernos, academia, centros de pensamiento, ganadores del Premio Nobel y muchas instituciones no gubernamentales se están sumando a la idea de una transformación de la economía, para responder mejor a los retos que nos ha planteado el COVID-19. Más de 4 mil académico e intelectuales de 650 universidades de todo el mundo han firmado un manifiesto que busca repensar los modelos políticos y económicos para reinventar una nueva relación con la ciudadanía y el ecosistema.
Otros están hablando de una economía regenerativa, que integre valores de sostenibilidad y que sirva para repensar la interrelación entre sector público, empresas y sociedad. También ha surgido el Foro NESI, o Nueva Economía e Innovación Social, un centenar de lideres empresariales y sociales que proponen un programa económico para un mundo al servicio de las personas y el planeta, alineados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París.
Dentro de este último grupo surge uno de los conceptos que deben guiar el discurso político de las próximas generaciones: tener una economía con sentido, que es lo mismo que anteponer los beneficios sociales a la simple maximización del capital. Si hacemos un compromiso con el bienestar y la felicidad de las personas como aspiración del colectivo social, definitivamente tendremos mejores resultados en la sociedad.
Uno de los mayores sindicatos franceses, Michel Tissier, propugna por una plataforma en base al concepto de Economía humana, promoviendo la inteligencia colaborativa como pilar para una sociedad más humana y próspera en todos los niveles. Tissier plantea que “el dinero es un medio, no un fin. Es un buen servidor, pero un mal maestro. Si manda el dinero, nuestro mundo va hacia una decadencia”. Es una frase que nos remite a las reflexiones que normalmente suceden a las grandes crisis que enfrente la humanidad, pero que olvidamos con mucha facilidad.
El coronavirus y sus secuelas nos obligan a repensar el progreso, el desarrollo económico y el bienestar social. El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, lo ha resumido de la siguiente manera: “Debemos construir economías y sociedades maìs equitativas, inclusivas y sostenibles que sean maìs resistentes frente a las pandemias, el cambio climaìtico y los muchos otros cambios globales que enfrentamos”.
No perdamos el momento actual para encontrar soluciones viables a los males del capitalismo. Sigamos insistiendo en un modelo que se adapte a las aspiraciones de una sociedad que ha cambiado, que a partir de ahora cambiará aún más por los efectos del COVID-19.


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