La máxima dirección del Partido Revolucionario Moderno (PRM) parece no darse cuenta de que gestiona la principal formación política de la oposición en la República Dominicana, y en un talante oportunista pretende aprovecharse de un movimiento que no le pertenece.
Al hacerlo, el PRM cede su principalía político-electoral a un grupo que si bien concita algún apoyo en la población, al ser innominado carece de viabilidad como opción en unos comicios.
¿Se debe ese oportunismo a la perspectiva de que ese descontento que se manifiesta en la marcha verde se pudiera expresar en la boleta del PRM en mayo de 2020?
Ese parece ser el propósito. Sin embargo, convertido en segundón de marcha verde es remota esa posibilidad. Al menos es lo que están diciendo las encuestas tempranas de cara al 2020, las cuales siguen situando al Partido de la Liberación Dominicana muy por encima del PRM en las preferencias partidarias medibles a la fecha.
Es decir, que ponerse a la zaga de la marcha verde no le está redituando electoralmente al PRM, y su utilitarismo denota una debilidad intrínseca, dado el hecho de que está entregando su caudal a quien no tiene forma viable de hacerlo efectivo.
En el PRM no se han enterado de que la marcha verde es un movimiento antisistema que si tuviera la fuerza suficiente derribaría a todos los partidos para dar paso a una aventura sin objetivo claro, como suelen ser todas las aventuras.
Resulta sintomático que personas con alto entrenamiento político como las hay en el PRM se dediquen a hacer causa común con el tremendismo que lo menos que postula es un juicio político al Presidente de la República, dando como cierta la premisa de que en nuestro país pueden estar dadas las condiciones para llevar al jefe del Estado ante las barras del Congreso Nacional.
Ocurre que, sin embargo, los que apuestan a un juicio político de esa magnitud también se movilizan contra el Congreso, pero resulta que las Cámaras Legislativas son las instancias encargadas por la Constitución de la República para llevar a cabo un proceso de esa naturaleza. Y si seguimos encadenando incongruencias, nos topamos con el hecho de tampoco creen en la Carta Magna a la que consideran antidemocrática.
¿En qué quedamos entonces. Detrás de semejante mejunje es que anda el PRM en su presunta demanda del cese de la corrupción y la impunidad, lo cual, por cierto, todos queremos? ¿No necesita definir con más inteligencia y claridad su papel en un sistema a través del cual pretende la conducción del Gobierno?.
¿Se justifican estos traspiés después de un camino político tan largo recorrido por muchos de los dirigentes del PRM?


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