El vuelo del Aeropuerto de la ciudad de Panamá a Buenos Aires a participar en la IX Jornada mundial de Comunicación Política celebrada el pasado mes de junio, sirvió para reflexionar sobre muy disimiles temas del acontecer dominicano .
El viaje que tomo más de seis horas fue propicio para entablar un dialogo aleccionador con mi compañero de asiento, el fino y culto periodista dominicano Luis García, sobre el futuro político del Partido de la Liberación Dominicana y el papel de los Estados Unidos en los recientes procesos electorales en esta Isla del Caribe . Lo que allí se reflexionó para pocos hoy lo comparto para muchos.
Soy de los que cree, le comentaba a mi colega sentado a mi diestra, que este este triunfo electoral del Partido de la Liberación Dominicana y su candidato Danilo Medina es una de las victorias electorales más abrumadora que registre la historia política dominicana, pero, al mismo tiempo la más contradictoria. Porque digo esto.
Por un lado, el triunfo electoral pasado pone al partido de la estrella amarilla fundado por el profesor Juan Bosch en diciembre del 1973 a las puertas de una encrucijada histórica que de no ser bien percibida y entendida por el liderazgo superior lo podría conducir a una salida del poder en el 2020. Son demasiados los compromisos extra partidos realizado con diversos sectores por esta organización política para mantenerse en el poder.
Además, todo el mundo en ese partido quiere lo suyo, cada quien tiene un agenda individual, pocos lo quieren cuidar, la mayoría lo quiere usar sin darse cuenta afilan cuchillos para su propia garganta.
En tanto, el PLD internamente aparenta estar atomizado y esto se evidencia por el comportamiento de una militancia que nunca como ahora ha desatado sus ambiciones por posiciones en el Gobierno y en Partido.
Siguen negando de manera acelerada los principios partidarios que le dieron origen en lo relativo a la disciplina y métodos de trabajo, hoy nadie quiere respetar a nada ni a nadie, todos quieren estar arriba, más arriba, mucho más.
Por el otro lado, y no sé por qué muchos pele deístas no se quieren dar cuenta, o se hacen los locos, es la apatía cada vez más abierta que tiene un sector liberal del Departamento de Estado de los Estados Unidos hacia esa organización, de que ya no lo quieren en la conducción del Estado dominicano.
Estas y otras reflexiones deben poner a ese partido político a pensar profundamente sobre su futuro o de lo contrario estarían preparando sin darse cuenta un viaje sin retorno y esto sí sería catastrófico para el sistema democrático en la República Dominicana.
jpm


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