Cultura criminal de Haití se reproduce en RD

imagen

Escuchar artículo

La crisis de Haití dejó de ser un problema de Haití. Es un problema dominicano. Lo que colapsó al vecino no fue solo su Estado. Colapsó su pacto social. Y ese colapso, con sus códigos, sus métodos y sus protagonistas, cruza la frontera todos los días y se instala en nuestro territorio.

En Haití las pandillas no son delincuentes comunes. Son gobierno paralelo. Cobran peaje, reparten comida, imponen toques de queda y ejecutan justicia propia. Ese modelo de control territorial ya opera en República Dominicana. Barrios del Gran Santo Domingo, comunidades agrícolas de la Línea Noroeste y zonas de Santiago reportan la misma fórmula: grupos armados que extorsionan colmaderos, controlan puntos de droga, alquilan armas y resuelven conflictos a tiros. No es casualidad. Es réplica.

El sicariato, antes excepcional, hoy es método. El secuestro exprés, antes importado de Sudamérica, ahora habla creole. La quema de viviendas como represalia, la mutilación como mensaje y la exhibición de cadáveres en redes sociales son prácticas documentadas en Puerto Príncipe desde 2021. En 2024 y 2025 comenzaron a aparecer en informes policiales dominicanos. Eso no es “percepción”. Es expediente.

EL AUTOR es periodista, jefe de redacción de Almomento.net. Reside en Nueva York.

La cultura criminal no necesita pasaporte. Entra por tres vías:

– Migración descontrolada: Sin registro biométrico real, sin depuración y sin capacidad de deportación efectiva, el Estado no sabe quién entra ni qué hizo antes de cruzar. Entre jornaleros y madres con niños, se cuelan cabecillas de bandas que Haití ya no puede contener.

– Economía informal cómplice: El mercado negro de alquileres, los empleadores que no piden documentos y las bancas de lotería que lavan dinero crean el ecosistema perfecto. El delincuente haitiano no vive en el monte. Vive en un cuarto alquilado por un dominicano, trabaja en una obra de un dominicano y mueve dinero en negocios de dominicanos.

– Impunidad compartida: Cuando un crimen lo comete un extranjero sin identidad, la investigación muere. Cuando la víctima es otro extranjero, la denuncia ni se pone. Ese vacío judicial es el mejor incentivo para que la práctica se repita.

EL AUTOENGAÑO OFICIAL

El Estado dominicano insiste en tratar el tema como “casos aislados” o “delincuencia común”. Mientras, las estadísticas de homicidios por encargo, las invasiones de tierra coordinadas y los enfrentamientos con fusiles de asalto crecen en zonas de alta presencia migratoria irregular. Negar el patrón es garantizar su expansión.

Peor aún: se confunde soberanía con xenofobia y se paraliza la acción. Defender la frontera no es odio. Es deber. Y la frontera no es solo la verja física. Es el barrio, la finca, el taller donde hoy se impone la ley del más violento.

LO QUE HAY QUE HACER 

Si República Dominicana no quiere terminar de espejo de Haití, necesita medidas de guerra contra una cultura de guerra:

– Control territorial real: Intervención militar y policial permanente en zonas tomadas. Desarme, identificación y judicialización. El que manda en un barrio debe ser el Estado, no una pandilla.

– Registro biométrico obligatorio: Todo extranjero en suelo dominicano debe estar identificado con huellas, iris y domicilio. El que no se registre, se deporta. Sin excepción.

– Deportación efectiva: Romper el círculo vicioso de “apresar y soltar”. Coordinación con Haití para entrega de prófugos y bloqueo de reingreso.

– Cárcel para el cómplice local: El dominicano que alquila sin contrato, que emplea sin documentos, que presta su nombre para negocios ilícitos, es parte de la estructura. Y debe pagar como parte de la estructura.

– Política de cero invasión: Ocupar tierra privada o pública debe tener consecuencia penal inmediata. La invasión es el primer paso del control territorial de las bandas.

EL COSTO DE NO HACER NADA 

Haití nos está dando una clase gratis de lo que pasa cuando el crimen sustituye al Estado. Calles cerradas, economía muerta, ONG mandando y embajadores dando órdenes. República Dominicana todavía puede elegir. Pero la ventana se cierra.

La cultura criminal no pide permiso para reproducirse. Aprovecha el miedo, la corrupción y el discurso buenista. Se instala donde el Estado se retira. Hoy se retira de muchos barrios. Mañana puede retirarse del país.

La soberanía no se negocia en la OEA. Se defiende casa por casa, barrio por barrio. Y ahora mismo, estamos perdiendo casas y barrios. Eso llegó de Haití. Y si no lo arrancamos de raíz, se queda.

Compártelo en tus redes:
ALMOMENTO.NET publica los artículos de opinión sin hacerles correcciones de redacción. Se reserva el derecho de rechazar los que estén mal redactados, con errores de sintaxis o faltas ortográficas.
0 0 votos
Article Rating
guest
0 Comments
Nuevos
Viejos Mas votados
Comentarios en linea
Ver todos los comentarios