Las declaraciones que en días pasados hiciera el presidente de la JCE, Julio César Castaños Guzmán, en las que califica de ridículo el pedido de renuncia que se le hace al presidente Danilo Medina, como también la celebración de elecciones generales en un año, propuestas contenidas en el manifiesto firmado por un grupo de intelectuales, activistas sociales y políticos, han sido objeto de innumerables opiniones en las redes sociales.
Dentro de los comentarios contrarios a las críticas del magistrado, están los que consideran que sus declaraciones fueron imprudentes y desatinadas, mientras que otros las interpretan como señal de lealtad del magistrado al presidente Medina.
La mayoría de los comentarios opuestos al proceder del magistrado Castaños Guzmán entienden, que no es correcto de su parte, confrontar una de las corrientes enfrentadas en el debate público ridiculizando y estigmatizando sus promotores y planteamientos y peor aún, usando un lenguaje peyorativo. Este es un mal indicio que tiene una connotación negativa para el estado de derecho, que da espacio a la duda y que es contrario a la neutralidad, principio fundamental en la ética de los jueces electorales.
También argumentan que tomar partido atacando un manifiesto amparado en la Constitución y en el que se pide la renuncia de un presidente elegido por métodos que están en discusión y donde se hace causa común y se allana el camino a una retaguardia de políticos desacreditados y personas de mentalidades trujillistas y reaccionarias en los que se destacan bocinas periodísticas del gobierno, dirigentes de partidos políticos pequeños y la mayoría de los congresistas del PLD, autores principales de los sobornos y sobrevaluaciones, es un proceder contrario a la mística de un juez electoral.
Otro juicio que debe ser tomado en cuenta es, que un árbitro que permanece callado cuando ha debido informar a la sociedad de innumerables irregularidades encontradas al momento de asumir el puesto, en lo administrativo, contencioso y logístico de las elecciones pasadas y que en estas circunstancias en la que debe callar para ganarse la confianza de la sociedad, se destapa de manera diligente protegiendo una de las partes, crea escepticismo y plantea una serie de interrogantes para los comicios venideros.
Quiero terminar exponiendo mi punto de vista de ese comportamiento: para mí el magistrado Castaños Guzmán se emocionó con su “perorata” y no atinó guardar las apariencias, olvidando que la mujer del César no solo debe ser honrada; sino parecerlo, dejando escapar sus preferencias, las que lo colocan en el mismo sitial de su antecesor, lo que no cambia en nada las cosas en el alto tribunal ni es garantía que las decisiones por venir se hagan enmarcadas en los principios de neutralidad, independencia y objetividad, condición para organizar un proceso libre e independiente en el 2020.
JPM


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