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¿Alguien sabe algo? Porque nadie sabe nada.
Lo interesante de la vida es su misterio. Su «apariencia», que existe, porque tú la creas. Vivir es como entrar en el desconocimiento, un paisaje amplio y largo que se nos brinda a «descubrir», luego, viene «ese otro», que lo apaga todo y «está supuesto» a iluminarnos… vaya contradicción…
De la sombra a la luz la distancia es cero. Un parpadeo que «se atasca», una piel que se paraliza y endurece, un «salirse» flotando desde un peso «presa»…
De lo último, al principio. Del principio al misterio.
Nadie sabe nada, ni siquiera la sombra que detrás o delante escucha lo andado o lo por andar. No hay murmullos que alumbren, ni códigos secretos indescifrables.
Solo especulaciones llegadas de todas partes, como gritos locos desesperados, que no convencen a nadie.
Caminos cerrados sin avisos y otros abiertos e ilustrados que tampoco conducen a ninguna parte. Ya lo sabemos, por más intentos del pasado, nadie sabe nada. Así alcancemos las estrellas y viajemos a otros mundos, seguiremos neófitos ante la distancia, el tiempo, la relatividad…
Ni tú, ni yo, ni ellos. ¡Nadie! Seguiremos soñando en la eternidad y el paraíso y «ese premio» anhelado, que aquí merecemos no tener, según las malas lenguas y los vaticanos y los santos y todas las vírgenes y «un tal» Jesús…
Nos esperan «allá» donde estaremos, por fin, informados y serenos y no inquietos como hoy estamos. Una vida desperdiciada «por un mañana» que está «después de la muerte». Otra de las tantas contradictorias especulaciones…
Aquí no nos merecemos nada, ni los besos eternos, ni la riqueza eterna, ni las princesas, ni príncipes, ni nada. Solo la «temporalidad» del alma, que será liberada cuando tú ya no estés, ni seas y te transformes…
Nadie sabe nada, ni yo que aquí te suelto «latidos» para «batir» tus ansias. Para tocar tus sueños, tan dormidos como los míos, tan ausentes como «esas pensadas» que se pierden en los caminos ya mencionados.
Ni tu conciencia, ni tu consciencia, ni tu profunda lectura alcanzarán a desvelar lo enterrado tan leve. Ese minúsculo velo transparente y necio, que se aferra en ocultar lo que «deberíamos saber». Los muertos no son chismosos porque ni siquiera son ellos.
Tampoco sabe nada el que olvida la memoria o el que la retoma en «otra vida».
Otra galaxia, otro mundo, otra ilusión. Así iremos de barrio en barrio, de nación a nación, de continente a continente, de planeta en planeta, de universo a universo… Todo un viaje «enpausado» que se agota y renueva constantemente, inexorablemente, infinitamente…
Te lo advertí desde el principio, nadie sabe nada. Oscar Wilde manifestó: «Y la razón terrible de todo esto, es que «quizás» no existe realidad alguna en las cosas, si se las separa de su apariencia». ¡Es decir, que además de no saber nada, ni siquiera existimos! ¡Salud! Mínimo Sabiero.
jpm-am


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