Durante largos meses hemos escuchado a “comunicadores” e “intelectuales” dominicanos recurrir a la muletilla del “Complejo de Guacanagarix”, término no científico utilizado por “psiquiatras” y “psicólogos” dominicanos, ya que, históricamente no va con la realidad ni con ningún estudio y tampoco está en el DSM-5 (manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales)
Este término hace referencia al cacique Guacanagarix que tuvo un trato cordial con los españoles y, su estrategia era vencer a líderes de otras tribus, donde algunos eran “caníbales”. La parte de control territorial de este indio es hoy día territorio haitiano.
Guacanagarix no era de estirpe caribe y los que combatió llegaron de otras islas. Este cacique tenía gran temor de aquellas fieras humanas que devoraban otras tribus de manera inmisericorde. Eso hizo que él buscara el respaldo de Cristóbal Colón para controlar lo que entendía era su territorio.
Lo que en la actualidad sí podría estar ocurriendo y sin muchos darse cuenta, es un tipo de xenofobia y más en el ámbito intelectual. Tuve la oportunidad de charlar con Agustín Laje y su trato fue respetuoso y afable. Compartimos informaciones importantes. En pocos minutos existió mucha empatía, digamos que de índole académica.
Estas estrategias no son más que falacia de hombre de paja, donde están tratando de destruir los argumentos del intelectual argentino con otro argumento, por cierto, fuera de contexto y peor aún, mal empleado y más grave cuando es utilizado por “profesionales” dominicanos de la conducta.
La libertad de expresión y ciencia están amparadas por el ordenamiento internacional y nuestra Constitución. Los discursos xenofóbicos sí atentan contra la dignidad de las personas y constituye una forma de discriminación y, por lo tanto, un tipo de delito solapado.
Resulta irónico, que algunos individuos acusan a la sociedad dominicana de tener complejos de Guacanagarix (sin fundamentos), cuando sus discursos giran en torno a Yale; casados con extranjeras; trabajan para empresas extranjeras; viven fuera del país; usan ropas de marcas internacionales; ponen los precios en dólares; ridiculizan nuestros aspectos físicos o intelectuales para ilustrar públicamente ante extranjeros algunas “debilidades” internas en la formación del colectivo social.
Solo a personas con trastornos narcisistas malignos se les ocurre retar y enfrentar a alguien graduado y dedicado a un determinado tema. Laje se especializó en esos temas y lee un libro a la semana sobre esos temas. No es que el país carezca de intelectuales que puedan enfrentarlo en sentido general, sino que es un tema nuevo para nuestra sociedad.
Cada ser humano es valioso y domina diferentes áreas y hay que respetar las especialidades. Vano sería pedirle a Laje que rete a un piloto dominicano sobre aviación o, que desafíe a un militar sobre estrategia u orden cerrado. Eso hacen algunos “sabelotodo” dominicanos que nos colman de vergüenza y que sus acciones ridiculizan nuestra sociedad con sus estereotipos y humillan a muchos hombres de letras nuestros…
Discriminar a nuestra sociedad e intelectuales es una muestra de grandes complejos, o tal vez, de grandes trastornos, dignos de ser tratados por comisiones de sociólogos, psicólogos y verdaderos expertos de la conducta.
JPM


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