Al contrastar la agilidad con que piensan y actuan los políticos cuando en principio se enrolan en los partidos, no hay diferencia, actúan tal para cual. La gran mayoría carecen de habilidades para redactar un discurso y proyectar su desenvolvimiento ante un público cononocedor del A-B-C-D-A-R-I-O; y en consecuencia de las diferentes funciones gramaticales, pero sí son experto sumando, dividiendo y restando, porque luego de ganar adeptos y popularidad en los partidos retoman su vida pensando en sus intereses, gustos y preferencias sin tener que suprimir opiniones personales o acceder a situaciones tóxico-desagradables.
El liderazgo político en la República Dominicana se torna cada vez más traumático y carente de un marketing con altura, muy parecido al discurso del entonces presidente de Ecuador (1996-1997), Abdalá Bucaram, conocido popularmente como «El loco que ama», destituido tras ser declarado mentalmente no apto para gobernar por el Congreso Nacional del referido país.
«Cuando la cabeza no piensa (MB) difícilmente se pueden generar ideas interesantes». Algo parecido pasó en nuestro país con el candidato y posteriormente presidente de la república, Hipólito Mejía, el cual se convirtió en el hazme reír nacional e internacional, por los desafueros cometidos en sus discursos.
A escasos meses de unas elecciones presidenciales, por segunda ocasión; y sin menospreciar a las personas carentes de eminencia gris en la cabeza, nos encontramos con un candidato presidencial algo similar al anterior (Hipolito Mejia), denominado, Gonzalo (El Penco) Castillo, escogido al azar por el actual presidente Danilo Medina, mentor principal de la desastrosa división que bordea los litorales del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), con un Leonel Fernández divorciado de dicha organización política, debido a las truchimanerias que se produjeron en la convención interna.
Me llama poderosamente la atención que los recursos del Estado dominicano sean utilizados para sobornar diversos sectores de la vida nacional, a los fines de mantenerse en el poder y a pesar del flaco servicio que le hacen la nación.
La intestina lucha de poder en República Dominicana, el oportunismo político y el populismo en las entidades públicas se han convertido en una enfermedad de la democracia que afecta gradualmente a todos cuantos ejercen el poder o aspiran a hacerlo, sea cual sea la característica de sus ideales.
El día del juicio final esta cerca, cuando llegue todos querrán estar apartados de su desenlace, la mayoría sentirán el temor de ser cuestionado por Dios, ante sus malos augurios en la tierra.
¡Que pena tener que soportar el discurso de aquellos que tienen cabeza y no piensan para bien sino para mal!.
mbaezjj@gmail.com


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