La situación es angustiosa y absurda. Y no es para menos.
En Jarabacoa y sus alrededores, donde convergen varios ríos y el frío se intensifica en la madrugada, la energía eléctrica se va, vuelve y desaparece otra vez.
Lo más difícil de entender es que a pocos pasos del poblado funciona una planta generadora desde la Era del Jefe.
Un tanto más acá, otra.
Y no tan distante, percibimos la imponente Presa de Taveras.
Sin embargo, por estos lares, imperan las tinieblas como consecuencia de los desesperantes apagones.
Jarabacoa, por el follaje hermoso y sus montañas empinadas, acariciadas por un frescor envidiable, oferta paz.
Pero la paz sin energía nos lleva a evocar al legendario Macondo.
Las interrupciones eléctricas son incontables. No hay horario ni época para hacer de las suyas.
Y el daño no es sólo en la nevera y otros electrodomésticos.
Es en la paciencia y en la economía.

Es una especie del reinado del turismo con linternas, velas, lámparas y velones.
Es una inaceptable invitación a agredir para que no vuelvan más a su terreno cautivante, los centenares de nacionales y extranjeros que constantemente son atraídos por los encantos de la Cordillera Central, el verdor de sus pinos, los esplendorosos paisajes y el frescor de su clima fascinante.
Se marchan con fotos donde plasman el esplendor y el colorido de un ecosistema maravilloso que, en múltiples ocasiones, principalmente en horas de las noches, terminan cubiertos por las tinieblas causadas por un sistema energético deficiente y abusivo.
Es momento de entender, tal como lo refiere la popular canción del exquisito vocalista azteca, que “hasta la belleza cansa y el amor acaba”.
Olvidar que todo tiene un límite es una falta de sensatez y provocación.
Es necesario interiorizar que los pueblos saben soportar, pero también reaccionan sorpresivamente ante tanta dejadez gubernamental con matices de torturas.
Es hora de evitar reacciones desagradables pero necesarias.
Es el tiempo de aplicar correctivos para evitar acciones colectivas de consecuencias imprevisibles salpicadas de violencia.
Urge mayor atención por parte de quienes tienen la responsabilidad de imprimirle eficacia a un servicio vital y el desarrollo de una comunidad puntual en el pago y por tanto, merecedora de un tratamiento diferente.
No se pide privilegio, se exige coherencia, no regalo, urge de un servicio energético eficiente.
Es urgente encontrar respuestas a los insoportables, intermitentes y desastrosos apagones, por la salud, el trabajo y la tranquilidad social.
Jarabacoa no puede continuar siendo la capital del ecoturismo que vive a oscuras.
Los pobladores de Jarabacoa y su entorno atractivo así lo merecen y lo esperan.
Porque tener la generación al lado y la oscuridad adentro, ya no se justifica.
Jarabacoa requiere y merece energía eléctrica.
¡¡Así de simple…!! Carajo…!!


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