POR MAXIMO LOPEZ HIJO
En el archipiélago de las Antillas Mayores existe una isla que en su parte oriental tiene -en el mismo trayecto del sol- a la República Dominicana, y del otro lado a Haití, Dos países que nunca han podido ser “alas de un mismo pájaro” y que más bien están en puntos anti podales, opuestos entre sí, pero que se han convertido en gemelos siameses, unidos por la cabeza, fruto de una extraña mutación durante el desarrollo del embrión (los años).
No existe operación alguna que pueda separar de nuestro útero al vecino país, porque de seguro morirían en el intento.
El desarrollo de las células del embrión monocigótico de Haití la han sellado al pueblo dominicano de por vida, lo que significa que tendremos que cargar esa cruz, queramos o no. En pocas palabras, el siamés fuerte siempre alimenta al más débil.
Haití es un país sin instituciones, que vive de dádivas. Ciertos osados organismos internacionales se han atrevido a calificar al pueblo dominicano de racista, algo absurdo y ridículo ¡dígame usted! un país lleno de mulatos y el que no lo es tiene el negro detrás de la oreja.
Cabe preguntarse si existe algún tipo de resentimiento histórico por lo acontecido en octubre de 1937, cuando Trujillo ordenó la matanza del Perejil, en la que murieron más de 13 mil haitianos, o cuando nos liberamos de 22 años de yugo haitiano, aquel 27 de febrero de 1844.
Desde entonces somos una nación libre y soberana, con pleno derecho a defender nuestro territorio. Cultural, religiosa, económica y lingüísticamente somos distintos al pueblo haitiano, que -al igual que el hebreo- inició su éxodo, con la diferencia que los hebreos tenían como guía y mentor a Moisés, un profeta libertador que los guiaba, pero, los haitianos solo cuentan con una gran necesidad de sobrevivencia.
En la vecina nación, la inestabilidad existente ha dejado como resultado que solo 6 presidentes pudieran cumplir su periodo de mandato en los últimos 33 años. El malogrado pueblo haitiano parece vivir en una especie de sociedad tribal, sus penurias parecen nunca terminar.
El centro de estudio estadounidense Fund for Peace (Fondo por la Paz) ha calificado como Estados fallidos a Somalia, Libia, Sudan y en el 2018 incluyó al pueblo haitiano como uno más «ingobernable por demás» colapso que retumba en las paredes dominicanas.
Para nuestra basta un botón. República Dominicana invierte más de cinco mil millones de pesos en atención a embarazadas haitianas, lo que significa un 40% de las parturientas de nuestros hospitales. Estratégicamente, estas haitianas vienen a parir a nuestro territorio, traídas al país por unos carteles compuesto por haitianos y dominicanos mercaderes de la salud.
Por más que analizo y analizo, concluyo diciendo que Haití es un problema indecidible.
JPM


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