POR PABLO VICENTE
En América Latina la universalización de la democracia se ha estado extendiendo por todo el mundo. Los países de la región han sido protagonistas de un proceso de cambio político profundo que se enmarca dentro de lo que algunos autores llaman la tercera ola democratizadora. Los regímenes burocráticos autoritarios, por consiguiente, fueron sustituidos con regímenes democráticos que, en su mayoría, hasta el día de hoy se mantienen en vigencia.
Ya la discusión teórica no es solamente si un país es democrático o no, ahora la discusión radica hasta qué punto en un país existe calidad de la democracia, tomando en cuenta indicadores que trasciende lo meramente electoral.
En ese contexto, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec) hicieron de conocimiento público un interesante informe sobre la calidad de la democracia en República Dominicana. El informe en cuestión arroja datos interesantes que sería bueno destacar y sobre todo que permite reflexionar sobre el tipo de democracia en el que vivimos y los desafíos para pasar de una democracia formal a una democracia real.
Históricamente se ha entendido que los países son democráticos porque los ciudadanos acuden a las urnas a elegir representantes, hoy en prácticamente todas las regiones del mundo la democracia se erige como la única opción para generar gobiernos legítimos. La realidad es que la democracia es mucho más que eso, es por tal motivo que el informe que presenta el PNUD toma en cuenta 6 dimensiones de la calidad democrática y en estas destacan los Derechos políticos y sistema electoral; Derechos fundamentales; Estado de Derecho; Calidad de la gestión pública; Calidad de vida y equidad social y económica; y Cultura política democrática.
Según el informe la República Dominicana hay brechas importante a abordar, en la que se destaca como la fragilidad del sistema de pesos y contrapesos en lo relativo a la preponderancia del Ejecutivo respecto de los Poderes Legislativo y Judicial, la aún débil institucionalidad del Estado, la violación de ciertos derechos fundamentales de colectivos en situaciones de marginalidad, así como la falta de garantía de ciertos estándares de equidad social y económica.
Indiscutiblemente que hablar de calidad de la democracia es necesario seguir fortaleciendo el sistema de partido, la creación de políticas públicas que contribuyan a la reducción de la pobreza y la desigualdad y sobre todo la implementación de un gobierno eficiente que fortalezca la democracia.
Como se puede observar hablar de democracia es un ideal como muy bien lo plantea Sartori, es un proceso en construcción que es perfectible día a día y en el que desde la ciudadanía es importante seguir aportando hasta pasar de una democracia formal hacia una democracia real.


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