El pasado 21 de enero, fecha sagrada del calendario nacional, se celebró por aire mar y tierra la fiesta de Nuestra Señora de la Altagracia.
Este gran acontecimiento sin precedentes en nuestro país y tal vez en el globo terráqueo fue producto del gran fervor suscitado en este año jubilar en que el nuestro pueblo dominicano conmemora los 100 años de haber conorado a la Virgen María como su protectora.
La devoción por la Virgen de la Altagracia de las primeras de América, tiene la particularidad de que en su imagen está representada la Sagrada Familia y que en el tiempo en que vivimos la familia, célula vital de la sociedad debe ser protegida desde los cimientos de la fe, y los valores cristianos del amor, la unión y la solidaridad.
Es importante resaltar que esta celebración fue realizada con un gran amor en todas las parroquias del país (novenas, adoración eucarística, cito a la que participe, el Santuario Arquidiocesano de Santo Domingo donde el Santísimo estuvo expuesto ininterrumpidamente 7 días y 7 noches, vigilias en la que resalto de forma particular la de Higuey que fue transmitida por los medios y lo más excelso, las celebraciones de la Santa Eucaristía.
A continuación detallo lo especial de su fiesta, precisamente a partir de las 2:30 p.m., extendiéndose durante la hora de la misericordia.
El homenaje a la Virgen se desbordó en todos los niveles: sector público y privado. La población en todas las edades, desde niños, jóvenes, adultos y mayores participaron atentos para recibir la bendición del Santísimo Sacramento (JESÚS EUCARISTÍA) llevado por sacerdotes a pie bendiciendo a nuestro territorio y a nuestras fortalezas (tierra), por aire (helicópteros y aviones de nuestras fuerzas armadas y sector privado y hago especial mención a los auxiliares navales dominicanos y los aeroclubes) que se unieron en una logística de amor para alcanzar de Dios su bendición por mediación de su Madre, nuestra Madre.
No hay forma de explicar en palabras la emoción que se sintió al ver pasear por nuestra tierra, nuestros Aires y nuestro mar al mismo Dios presente en la Eucaristía bendiciendo a su pueblo.
Él, Rey de Reyes, Señor de Señores el primero en honrar a su Madre y con Ella llenar de amor y consuelo a nuestra gente.
Un nuevo movimiento de amor a Ella ha nacido: Unidos por la Altagracia, al cual queridos lectores, esperan por ustedes (ya presentes en las redes sociales, Facebook, Instagram y Twitter).
Gracias a nuestros Obispos, sacerdotes y laicos por su respaldo, quien en Monseñor Grullon presidente de la Comisión Episcopal para la celebración del año jubilar Altagraciano estuvo animando a un ejército de voluntarios bajo la dirección de la Señora Sonia Villanueva de Brower y con el patrocinio de varias empresas bienhechoras hicieron posible con la gracia de Dios que este día llenara de honra a Dios y Él se desbordara en bendiciones para nosotros cobijados en el manto de su madre, la nuestra, la Virgen de la Altagracia.
La celebración no ha terminado, el año jubilar continua hasta el 15 de agosto fiesta de la Asunción de la Virgen y a la vez fecha exacta de los cien años en que el arzobispo de Santo Domingo de entonces, Monseñor Adolfo Nouel y el representante del Papa Monseñor Vasconcelos la coronaran en el Altar de la Patria como Reina y Soberana, Protectora de nuestras almas.
No puedo dejar de mencionar la gracia inmensa de este año jubilar a la cual todos tenemos acceso si nos disponemos a ello. Se trata de recibir la indulgencia plenaria al peregrinar espiritualmente en un movimiento espiritual de conversión y confesión sacramental y acudir a un templo jubilar designado por nuestros obispos.
Los hay en todo el territorio nacional, (en Santo Domingo voy al Santuario de la Altagracia en la zona colonial que tiene misas diarias a las 7:00 pm y en domingo a las 8:00 am y 10:00 am., y participar activamente en una Eucaristía recibiendo al Cuerpo de Cristo, pidiendo por las intenciones del Papa. Lo maravilloso es, que podemos recibir una por día durante este año jubilar y una vez ofrecida por nuestra propia alma, ofrecerla por algún ser querido que haya partido de este mundo.
El efecto de esta gracia en nuestra alma es una purificación total de la misma.
Ya ven, nuestra Madre, Virgen de la Altagracia, sigue mediando para que las gracias celestiales nos restauren por dentro.
¡Gracias Madre!
¡Ave Maria, Gratia Plena!


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