POR RAMON VENTURA CAMEJO
La sociedad dominicana vive la peor crisis de su historia. Es un momento excepcional, catastrófico. Existe la amenaza de perderlo todo: la salud, el bienestar y hasta la vida.
La estabilidad macroeconómica, la tasa de empleos alcanzada, los ingresos, el crecimiento económico, la reducción de la pobreza y hasta el espíritu de prosperidad están en juego.
Esta terrible pandemia azota a la sociedad y a la economía.
Esta desgracia ha sido hasta ahora limitada por la conducción inteligente y responsable del Presidente, su equipo de Gobierno, una burocracia competente y por el partido más organizado y disciplinado de la República Dominicana.
A la situación actual se le agrega el elemento perturbador de las próximas elecciones, con el ingrediente de los odios, prejuicios y pasiones desbordadas, donde también anida la retaliación.
Para la preservación de la salud y la vida, así como de la recuperación económica, un importante factor será el papel de hombres y mujeres que, desde el servicio público, durante estos años han sido parte de los logros alcanzados por la implementación idónea de las directrices de la política pública del Ejecutivo; es decir, han tenido buen desempeño y son los portadores de las experiencias de las mejores prácticas.
Estos miles de hombres y mujeres no pueden ser desvinculados de la administración pública porque, además de ser indispensables como memoria histórica exitosa, también están protegidos por la Ley 41-08 de Función Pública, que ha sido uno de los aportes normativos que han fortalecido la institucionalidad de la administración pública dominicana, junto a otras disposiciones legales significativas, como han sido la Ley Orgánica de la Administración Pública, la Ley General de Salarios del Sector Público y la Ley que protege los derechos de los ciudadanos ante la Administración Pública, entre otras.
Tenemos una nueva administración pública con un nuevo paradigma de gestión, que ha ido en proceso desde Weber, una nueva gestión pública hasta Longo con la gobernanza exploratoria que se expresa en un lenguaje innovador que, como diría Wittgenstein » los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo».
Este nuevo paradigma de gestión también se ha conformado con las innovaciones y transformación de la cultura de gestión pública, como son el Marco Común de Evaluación CAF, las Cartas Compromisos al Ciudadano, los Premios a la Calidad de los servicios públicos, el Observatorio de los servicios públicos, los acuerdos de desempeño laborales, los planes de mejora y las plataformas informáticas SASP, SISMAP, SISMAP-MUNICIPAL, CONCURSA, entre otros.
Es en este marco innovador en que el personal profesionalizado de la administración pública de la República Dominicana se ha ido formando y capacitando en sus distintos niveles, con cursos especializados como las maestrías de la Escuela Nacional de Administración Pública de Francia, la ENA, y la PUCMM, la Universidad de Salamanca y UTESA, la Universidad de Granada y la UASD, la Universidad de Utah, y la Escuela de Organización Industrial de España, EOI, con la cual en la actualidad estamos realizando un diplomado en trabajo remoto o teletrabajo.
No podemos dejar de mencionar los miles de talleres que ha impartido el MAP en todas las provincias del país y la formación que ha impartido el INAP a miles de servidores públicos.
Los actuales empleados públicos se han transformado en verdaderos servidores públicos. Lo han demostrado en la actual pandemia, asumiendo riesgos, por ejemplo, en el sector salud y en sentido general, adoptando formas de trabajo alternativas como el servicio a distancia.
Igualmente han demostrado su sensibilidad social, como es el caso de los servidores del MAP y el INAP que en el mes de Abril se descontaron de sus salarios 1,800,000 pesos para entregarlos a entidades que trabajan con niños y ancianos.
Con estas competencias profesionales y humanas, son los hombres y mujeres que necesitan el gobierno y la sociedad dominicana para desarrollar las políticas públicas que permitan a corto plazo responder a los retos de preservar la salud y recuperar la economía.
Evitemos con el voto mayoritario del próximo 5 de julio que la pandemia política se apodere de los pulmones y del cerebro de la sociedad y del gobierno para conducirnos al estado de cuidados intensivos como en sus anteriores gobiernos.
Es por ello que la sociedad dominicana en su mayoría debe evitar el azote de la pandemia política que por sus compromisos electorales viniera a destruir las capacidades institucionales y a enviar a las calles a experimentados servidores públicos.
JPM


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