Estados Unidos: ¿protestas sinceras o puro vandalismo?

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EL AUTOR es escritor. Reside en Nueva York

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Prefacio

El pasado 25 de mayo del año en curso, la policía de la ciudad de Minneapolis conocida como «La ciudad de los lagos» enclavada en el Estado de Minnesota, recibió una llamada  de un comerciante alegando que un afroestadounidense le había pagado con un billete de US$20 falsos.

Al recibir la denuncia, se despachó una unidad policial en la cual se encontraba el oficial Dereck Chauvin y otros tres  oficiales más que acudieron a la Rscena,  deteniendo  poco tiempo después a Gerald Floyd.  Posterior a ello, se produjo un breve forcejeo con el  detenido al negarse este a salir del vehículo que estaba conduciendo.

Una vez ya reducido, sacado de su auto, esposado y acostado en el pavimento de la calle,  el oficial Chauvin colocó su rodilla en el cuello del detenido ejerciendo presión en el mismo,  lo cual indujo a Floyd a decir al policía  «I cam, breathe» (no puedo respirar) y, al cabo de unos 8 minutos bajo esa condición, llegó una ambulancia que había sido llamada por los propios agentes policiales al notar que el detenido ya no se movía, siendo declarado muerto al poco de tiempo de haber sido llevado al hospital.

Todo cuanto sucedió en el devenir de esa detención fue grabado en video con un celular  por una transeúnte que lo publicó en Facebook Live, al mismo tiempo de estar sucediendo los hechos, haciéndose el mismo viral y provocando las diversas manifestaciones violentas en diferentes ciudades de los Estados Unidos.

Quién era Gerald Floyd?

Era un afro estadounidense nacido en Carolina del Norte hace unos 46 años, pero se crió en la ciudad de Houston, Texas. Después de perder su empleo por la pandemia del covi.19, se mudó a St. Louis Park, una ciudad ubicada en el condado de Hennepin perteneciente al Estado de Minnesota  luego de cumplir en cárcel una sentencia por robo agravado. Había trabajado como guardia de seguridad en un restaurant en Minneápolis en donde,  por extrañas circunstancias de la vida, también trabajó en ese mismo lugar el policía Dereck Chauvin.

Posterior a su fallecimiento y luego de ser sometido a una autopsia, el médico forense del condado de Hennepin emitió los hallazgos finales de su muerte, clasificando la misma como homicidio,  además de encontrar en su sistema «intoxicación de fentanilo y uso reciente de mentafetamina», ambas drogas altamente peligrosas, letales y prohibidas en los Estados Unidos. Posterior a esta autopsia, se realizó otra independiente confirmando que tenía el covid.19 en su organismo. No obstante ello, considero que la muerte de Gerald Floy fue innecesaria, imprudente e improcedente debido a que ya estaba sometido, esposado y no representaba peligro para los oficiales actuantes.

Protestas sumamente infiltradas

En la  Constitución de los Estados Unidos no están prohibidas las protestas y por demás, están garantizadas en la misma. Eso es un derecho inalienable en esta gran nación cuyos pilares se sustentan en las leyes y en su gran democracia  que disfrutan sus ciudadanos. Algo muy diferente en naciones de regímenes totalitarios como la China Popular, Cuba, Corea del Norte y dictaduras represivas con caretas de democracia como las que hay en Venezuela y Nicaragua, en donde en las mismas se reprimen no con balas de gomas, sino a puro plomo.

A raíz de la muerte de Gerald Floyd en la ciudad de Minneapolis, se han desatado en por lo menos unas 30 ciudades norteamericanas, protestas en contra del hecho. Sin embargo,  y a través de las noticias y videos de las mismas que vemos en las noticias televisadas, hemos notado que hay una sincronización de ellas, letreros muy definidos, consignas preestablecidas y un patrón común: se hacían muy pacíficas en sus comienzos y en horas de la noche se tornan violentas y se cometen todo tipo de tropelías, robos, saqueos, destrozos a comercios y ataques con cierto salvajismo a las autoridades policiales, sentando con ello un precedente.

Da vergüenza ajena y resulta sumamente asqueante e indignante, observar en las noticias a estos «protestantes» por la indebida muerte de Gerald Floyd, meterse a robar y saquear en negocios como Macy’s, CAP, Banana Republic, Target, Best Buy, demostrando que saben lo que es  «bueno» para expresar «el dolor por una muerte». Esa es la escoria humana a que hacía referencia Trump que hoy se ve enardecidas en las ciudades americanas haciendo uso de un derecho consagrado en la Carta Magna, y que los demócratas celebran porque creen que es ganancia política en su lucha por salir de él.

Si hay una persona bien informada de todo cuanto acontece a nivel internacional y mucho más aún a lo interno de la nación que gobierna, esa persona lo es el presidente de los Estados Unidos    Donald J. Trump.  Basado en los informe a él suministrados por los organismos de inteligencia y seguridad, se ha determinado que hay infiltrados en estas protestas con orientación izquiedistas entre ellos, venezolanos, cubanos y de la organización Antifas.

Por eso  hace poco, salió una información en donde se daba cuenta que agentes del Federal Bureau of Investigation (FBI), capturaron en Miami y en otras ciudades de Estados Unidos a varios grupos de personas provenientes de Haití, Cuba, Venezuela y Honduras ligados a organizaciones izquierdistas y los cuales habían recibido dinero para financiar a grupos violentos.

Para nadie en un secreto que el presidente Donald Trump se ha convertido en un piedra en el zapato en las aspiraciones de ver disminuida y acorralada  la nación americana, por parte de gobiernos izquierdistas, organizaciones terroristas y traidores a la patria como son los Noam Chomsky, Bernie Sanders, George Soros y demás alimañas políticas nacidas en  los Estados Unidos, razón por la cual, tratan de capitalizar cualquier situación de orden social o político.

Ellos quieren ver a presidentes con la misma tesitura genuflexa, entreguista y sumisa  como los James Carter y los Barack Obama, este último  se identificó de una manera vergonzosa con la tiranía castrista al complacerlo en todo cuanto ellos pedían a cambio de nada y con la esperanza fútil de que la libertad volviera de nuevo a la isla secuestrada por los Castro. Sin embargo y algo que era previsible, nada de eso ocurrió ni cambió.

Nueva York y su carencia de un real liderazgo

Las dos máximas figuras de la política que representan al estado de New York,  es decir, el Gobernador Andrew Mark Cuomo y el alcalde Warren Wilhen Jr., mejor conocido como Bill de Blasio, en lo particular a mí y a  muchos ciudadanos más nos han decepcionado al decir de sus pronunciamientos y actuaciones en el marco de sus funciones.

El Gobernador Cuomo al postularse para su segundo período dijo en una ocasión que: «para él la mayor prioridad en su segundo mandato sería promover el uso de la marihuana recreativa». Ante esa expresión inaceptable en un mandatario,  recurrí a la historia de los patriotas y precursores de la independencia de esta gran y noble nación y ninguno de ello usó la marihuana ni para fines recreativos ni patrióticos para engrandecer a este país y sembrar el país que es hoy.

En cuanto al alcalde de Blasio, con las recientes manifestaciones en la ciudad de New York,  demostró ser incapaz de manejar situaciones de emergencia como los saqueos en estas marchas, las agresiones a policías y negocios, la no utilización como el caso lo requería de todo el personal policial disponibles para evitar los hechos sucedidos y que han provocado pérdidas millonarias a muchas empresas. Por igual, Instauró un toque de queda y el mismo fue abiertamente desobedecido, demostrando que ha perdido credibilidad y autoridad.

Ha sido evidente que él no cuenta con la simpatía del cuerpo policial por su posición de siempre restarle autoridad a ese organismo de seguridad pública. Su defensa y protección  a los que han violados leyes federales de inmigración y a delincuentes comunes ha sido notoria.  Se preocupa más en proteger los derechos de los que violan la ley que de aquellos que la cumplen al decir de sus actuaciones. Ahora las organizaciones que han tenido protagonismo en estas marchas, pretenden que a la policía de Nueva York,  la más grande en los Estados Unidos, se les reduzcan los recursos otorgados, siendo eso algo muy peligroso para la seguridad ciudadana y la paz social. En consecuencia, podemos afirmar que hoy y ante los hechos sucedidos, New York está vacío de un liderazgo real y sano.

Los que amamos y admiramos a están gran nación,  debemos estar alerta de que apátridas y traidores, así como organizaciones terroristas, usen este tipo de protestas y la conviertan en el artilugio que usaron los aqueos como estrategia con su caballo de Troya para destruir y apoderarse de esta última.

SP-AM

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