POR EDWIN DE LA CRUZ
Al cerrar el año 2025 y mirar hacia el 2026, la República Dominicana enfrenta un momento de profunda reflexión. No se trata solo de balances políticos, sino de hechos que han puesto a prueba la confianza ciudadana y la fortaleza de nuestras instituciones.
Los recientes casos de corrupción, especialmente los relacionados con instituciones llamadas a proteger derechos esenciales como la salud, han generado indignación legítima. El escándalo que envuelve al Seguro Nacional de Salud (SeNaSa) ha evidenciado presuntas prácticas que habrían afectado directamente recursos destinados a la atención médica de millones de dominicanos.
Este hecho marca un punto que pudiera ser un antes y un después en la agenda pública del país, no solo por la magnitud de las acusaciones, sino por el impacto humano que conllevan.
Cuando los recursos públicos se desvían de su propósito, no estamos ante simples irregularidades administrativas, sino ante acciones que afectan vidas y erosiona la credibilidad del Estado. Por eso la reacción social ha sido contundente: el país no es indiferente cuando se toca lo más sagrado.
En medio de este panorama, destaca la postura firme del presidente Luis Abinader: no ocultar ni apañar actos de corrupción, garantizando que la justicia actúe con independencia. Este enfoque, distinto al de administraciones anteriores, fortalece la institucionalidad y envía un mensaje claro: nadie está por encima de la ley.
En paralelo, el país sigue enfrentando el desafío permanente de la delincuencia. Aunque la Policía Nacional y otros organismos reportan avances, la criminalidad sigue afectando a muchas comunidades, lo que exige soluciones integrales y sostenidas.
Más allá de los problemas, emerge la verdadera fortaleza de la nación: el pueblo dominicano. Un pueblo resiliente, trabajador, que sabe mantenerse de pie ante la adversidad y que cree en la posibilidad de un país mejor.
Nuestra historia está llena de crisis convertidas en oportunidades y momentos difíciles que forjaron carácter. La grandeza dominicana no se mide por la ausencia de problemas, sino por la capacidad de enfrentarlos con dignidad, fe y determinación.
Al entrar al 2026, debemos transformar la indignación en compromiso ciudadano, vigilancia y esperanza activa. La República Dominicana tiene con qué avanzar, con un pueblo que no se rinde y con la voluntad de seguir construyendo un futuro más justo, más transparente y más humano.
jpm-am

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