Hay frases que duelen porque son verdad. Y en la diáspora dominicana hay una que retumba cada vez que se anuncia un nuevo cónsul en Nueva York: nos merecemos un buen cónsul, no un «cohete explotao».
Lo decimos sin rodeos, porque ya estamos cansados. Cansados de que el Consulado Dominicano en Nueva York, el más importante del mundo para nuestro país, sea tratado como un premio de consolación, como un zafacón político donde se reciclan figuras quemadas, fracasadas y sin conexión real con esta comunidad.
La diáspora dominicana en Estados Unidos no es cualquier cosa. Somos más de dos millones de dominicanos que nos levantamos a las 4:00 de la mañana a coger tren, a limpiar edificios, a cuidar niños, a manejar taxis, a operar bodegas, a sostener hospitales y escuelas con nuestro trabajo. Somos los que enviamos más de 10 mil millones de dólares en remesas cada año para que el país no colapse. Somos los que votamos, los que marchamos, los que defendemos la dominicanidad con orgullo en tierras ajenas.
¿Y qué recibimos a cambio? Muchas veces, desprecio disfrazado de nombramiento.
EL CONSULADO NO ES BOTÍN
El Consulado no puede seguir siendo el botín de guerra de las parcelas internas de los partidos. No puede ser la forma de pagar una campaña perdida, de callar a un dirigente que hace ruido o de premiar a un «compañero» que no encontró espacio en el tren gubernamental.

Un cónsul en Nueva York no puede ser un político en decadencia buscando protagonismo. Tiene que ser un gerente. Un diplomático. Un servidor público con sensibilidad social, con capacidad administrativa y, sobre todo, con respeto por el dominicano de a pie.
No necesitamos un cónsul que venga a hacerse fotos, a creerse artista, a montar tarimas para figurear. Necesitamos un cónsul que entienda el dolor del dominicano que llega sin papeles, la angustia de la madre que necesita traer a su hijo, el drama del envejeciente que necesita una pensión solidaria.
LA BURLA DEL COHETE
En el argot popular dominicano, un «cohete explotado» es eso: alguien que hizo mucho ruido, que prometió mucho, que se vendió como la gran cosa y al final no sirvió para nada. Subió y cayó. Sin brillo, sin resultados.
Y eso es lo que actualmente tenemos, y lo que no queremos. No queremos cohetes explotaos que vengan a Nueva York a inventar, a improvisar, a usar el consulado como trampolín para una alcaldía, una diputación o una senaduría. No queremos jefecitos que traten al personal como sirvientes y a la comunidad como súbditos.
Queremos un cónsul de verdad.
LO QUE EXIGE NUEVA YORK
Nueva York es una plaza compleja. Aquí no se puede venir a aprender. Aquí hay que venir con un plan. Con un equipo. Con humildad.
La comunidad exige:
– Un consulado que funcione, donde no haya que amanecer para conseguir una cita para un pasaporte.
– Un consulado que defienda, que tenga abogados que orienten contra los abusos migratorios.
– Un consulado que sea cultural, que promueva nuestros valores, no los egos personales.
– Un consulado que sea transparente, donde se sepa en qué se gasta cada peso.
DIGNIDAD PARA LA DIÁSPORA
Los gobiernos pasan, pero la diáspora se queda. Y la diáspora ya despertó. Ya no acepta imposiciones. Ya no se calla.
Los dominicanos de Nueva York merecemos un cónsul que nos represente con orgullo, que cuando se pare frente al alcalde de Nueva York, frente a la gobernadora, frente al Departamento de Estado, nos haga sentir que estamos bien representados.
No merecemos un cohete explotao que a los tres meses ya esté quemado, repudiado y sin autoridad moral para convocar a nadie.
Merecemos respeto. Merecemos dignidad. Merecemos un buen cónsul.


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