La ley y el orden son el primer requisito de la civilización escribió Huntington en los años 90. Nosotros que no tenemos orden ni ley ¿que somos? un territorio apetecible para criminales y delincuentes de todo el mundo. El sueño de una nación que muchos albergaron se ha venido abajo, el rescate no está a la vista y la creencia de que «aquí tiene que pasar algo» expresa mas el deseo de que así ocurra que la verificación de sus posibilidades y lo que es peor, quienes invocan ese algo que tiene que pasar lo hacen ilusionados con la idea de una revolución democrática cuando, en realidad, ese algo que puede y debe pasar solamente será la generalización del desorden, el reinado de la anarquía, el hundimiento necesario antes de que, entre las cenizas de la patria incinerada, surja un brote de vida nueva.
Tampoco creamos que el gobierno actual es la dictadura que tememos. No, este es solamente el trillo o el callejón que nos lleva a esa otra dictadura, estos preparan la cama, ponen la mesa, crean las condiciones que nos regresan a la barbarie. Nuestra inmensa tragedia no reside en la corruptela de los que gobiernan ni en la espantosa torpeza de dirigentes opositores sino en la medida que ambas han echado raíces, formado cuerpo y adquirido vida propia al interior del cuerpo social dominicano que hoy opera asumiendo la imbecilidad como conducta, el soborno como norma, la banalidad como modelo y la ilegalidad como logro de los mas listos frente a la pasividad de las víctimas.
A los que creen que todos los males los hemos vivido y todas las desgracias las hemos visto; que hemos caído tan bajo que ya – afortunadamente- estamos listos para rebotar, que ya no hay mas nada que pueda ocurrir en nuestro país. Pues me apena decirles. Podemos y vamos a seguir descendiendo. Desde hace un tiempo nos parecemos a la Isla Tortuga de los siglos XVII y XVIII un territorio sin gobierno ni ley donde acudían a hacer negocios, a buscar refugio o a operar los bandoleros, piratas, traficantes y criminales de la época. Si usted mira con cierto detenimiento la estirpe o la ralea de muchos de nuestros visitantes e inmigrantes no tarda en percatarse de que hemos estado recibiendo mafia, crápula, delincuentes y criminales perseguidos de medio mundo.
Llenos de basura local, nos hemos convertido en un foco de atracción para la basura internacional. Nadie se crea que lo hemos visto todo. Y cada duda que he tenido sobre la salida inevitable y sangrienta a esta situación se disipa cotidiana en la sangre que se derrama, el dinero que se roba, la dignidad que se abandona, el irrespeto que campea, el despojo del decoro y todavía seguimos oyendo -perdón- mierda como si fuéramos civilizados y modernos cuando no somos ni lo uno ni lo otro.
Pero nadie ve nada. Hay demasiado ruido. La culpa de nuestro destino la tienen los haitianos, Fidel si estuviera vivo, el embajador americano y cualquier otro menos nosotros mismos. El mármol no sale de basureros y por eso, por encima de diferencias, transitorias o no, apoyo la Marcha del Millón.

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