Es comprensible que el gobierno procure inyectar optimismo a la población a través de una ofensiva de mercadeo sobre real o supuesto cambio político, económico o social, pero también hace falta concienciarla por esas mismas vías sobre la difícil situación que afronta la nación.
La macroeconomía dominicana ha sido resiliente ante los efectos de la pandemia, o al menos pudo sobreponerse de manera significativa después del desplome de las actividades productivas que conllevó esa emergencia sanitaria. Ese es un buen punto a favor del gobierno.
El conflicto bélico entre Rusia y Ucrania ha renovado los trastornos que causó la pandemia sobre a la economía mundial, justo cuando estaban en vía de conjurarse, como las alzas de precios de materias primas básicas y el atasco en el comercio internacional.
A causa de esa guerra, con la intervención activa de Estados Unidos y Europa en una ofensiva económica y geopolítica contra Rusia, se han disparado los precios de materias primas básicas como petróleo, gas natural, carbón mineral, trigo, maíz y sorgo, así como fletes y seguros.
Economías pequeñas y muy abiertas, como la dominicana, sufren los efectos negativos de ese conflicto con mayor crudeza en términos de indicadores económicos y sociales, lo que se convierte en espada de Damocles sobre la gobernanza y la estabilidad social y política.
Se reconoce que las autoridades monetarias han logrado con medidas oportunas y prudentes, una vez activando el circulante y el crédito y otra como represa financiera, mitigar los daños de la pandemia y de la guerra sobre el ensamblaje macroeconómico.
El desenfreno inflacionario representa la otra gran epidemia mundial, que por supuesto trastorna muy seriamente a la economía porque obliga al gobierno a endeudarse e incrementar el déficit fiscal para poder financiar los subsidios sociales y a las importaciones de combustibles y algunas materias primas de origen agrícola o pecuario.
Aun cuando el PIB dominicano superaría los cien mil millones de dólares al final de este año con un crecimiento de un 5% alrededor de su potencial, debería advertirse que el sector externo encarece las actividades productivas, incrementa la inflación y desalienta el empleo.
Si animo de alarmar, se señala que ningún analista está en capacidad de afirmar que la guerra Rusia- Ucrania terminaría en el corto plazo, ni que la crisis económica que genera se diluiría en este ni en el otro año, por lo que no se exagera si se afirma que lo peor no ha pasado.
Ahora exhorto al liderazgo político, que se circunscribe al presidente Luis Abinader y a los ex mandatarios Leonel Fernández, Hipólita Mejía y Danilo Medina, a que emplee su caudal de influencia para evitar que la Patria de Duarte se derrumbe un despeñadero económico, político y social.
JPM


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