Durante años hemos tratado a los consulados como agencias de empleo para pagar favores políticos. Y esa visión pequeña nos ha salido carísima. Un consulado no es un premio, no es un botín electoral, no es una oficina para colocar compañeros. Un consulado es la cara del Estado dominicano fuera de su territorio. Es la única presencia de la patria para millones de dominicanos que viven lejos.
Y esa cara, hoy, muchas veces da vergüenza.
NO ES UN CARGO, ES UNA GERENCIA
El cónsul general de Nueva York, de Madrid, de Boston, de Miami, no administra una oficinita. Administra una empresa de servicios que atiende a cientos de miles de personas, que maneja millones de dólares al año en tasas consulares, que debe operar con eficiencia, tecnología, transparencia y calidez humana.
Eso exige gerencia. Gerencia probada, no improvisada.
Un consulado moderno debe funcionar con indicadores de tiempo de espera, con citas en línea que funcionen, con personal que atienda en dos idiomas, con horarios extendidos, con servicios móviles que lleguen a donde vive la gente. Debe tener contabilidad clara, compras transparentes, auditorías y rendición de cuentas.
No se puede seguir dirigiendo un consulado como un colmado familiar, donde todo depende del humor del cónsul, donde los cargos se reparten entre amigos y donde el horario de atención es un misterio. El dominicano que va a un consulado no va a pedir un favor. Va a ejercer un derecho. Pide un pasaporte, un acta, una autorización para su hijo. Y sale de su trabajo perdiendo horas de salario para hacerlo. Merece respeto, no maltrato.
DIPLOMACIA NO ES FOTO, ES NEGOCIACIÓN
El segundo requisito es diplomacia. Y diplomacia no es tomarse fotos con figuras, ni salir en periódicos de la comunidad. Diplomacia es capacidad de negociar con las autoridades locales para proteger a tu gente.
Un cónsul debe ser capaz de sentarse con el alcalde de Nueva York para hablar de vivienda para dominicanos, con el Departamento de Educación para programas de equivalencia de estudios, con la Policía para evitar abusos, con hospitales para orientar a indocumentados, con abogados para defender a un compatriota preso.
Eso no lo hace cualquiera. Lo hace alguien que entiende el sistema político estadounidense, que habla inglés, que conoce la ley migratoria, que tiene contactos y, sobre todo, que tiene credibilidad.
Cuando nombramos a alguien que no sabe dónde queda el City Hall, que no entiende cómo funciona un concejal, que nunca ha pisado una audiencia comunitaria, estamos condenando al consulado a ser irrelevante. A ser una oficina de sellar papeles, no un centro de poder comunitario.
SENSIBILIDAD PARA ENTENDER EL DOLOR AJENO
Pero hay algo que no se aprende en Harvard ni en ninguna cancillería: la sensibilidad.
El dominicano que llega a un consulado no es el turista que va a Punta Cana. Es el hombre que lleva 15 años sin ver a su madre. Es la madre que no sabe cómo repatriar el cuerpo de su hijo muerto en un accidente. Es la joven que fue víctima de violencia y no sabe a dónde ir porque no tiene papeles. Es el anciano que no sabe leer y necesita renovar su pasaporte.
Esa gente no necesita un funcionario con traje caro y mal carácter. Necesita un ser humano.
Se necesita sensibilidad para entender que detrás de cada fila hay una historia de sacrificio. Que el que está afuera, bajo frío o bajo sol, dejó de trabajar para estar ahí. Que muchos no hablan bien inglés y tienen miedo. Que vienen con la vergüenza de no entender un formulario.
Un consulado sin sensibilidad es una fábrica de humillaciones. Y hemos tenido demasiadas.
CAPACIDAD PROBADA, NO LEALTAD PROBADA
Y llegamos al punto central: capacidad probada.
La Constitución y la Ley de Servicio Exterior son claras. Los cargos consulares deben ser ocupados por personas de carrera o por personas con méritos profesionales. No por el que mejor hizo campaña. No por el que aportó más dinero. No por el que es amigo del presidente, del senador o del jefe del partido.
El Estado dominicano debe decidir de una vez por todas si quiere consulados eficientes o comités de base en el exterior.
Capacidad probada significa haber gerenciado antes, haber vivido en la comunidad, haber demostrado servicio, hablar el idioma del país receptor, conocer de administración pública, tener formación en derecho, en relaciones internacionales, en gestión. Significa presentar un plan de trabajo y ser evaluado por resultados, no por aplausos.
Un cónsul debería durar en su puesto por su desempeño, no por su lealtad. Y debería irse cuando sus indicadores demuestran que no sirve.
NUEVA YORK NO ES UN ENSAYO
Decimos Nueva York porque es el espejo más grande, pero aplica para todo. Nueva York, con más de un millón de dominicanos en su área metropolitana, no puede ser un laboratorio para improvisar. Es nuestra segunda capital. Lo que pase allí define cómo nos ven en Estados Unidos y cómo nos vemos a nosotros mismos.
Un consulado en Nueva York gerenciado con excelencia puede convertirse en un centro de negocios, de cultura, de educación, de defensa legal. Puede organizar ferias de inversión, programas de becas, operativos médicos, defensa contra fraudes de notarios, protección contra desalojos. Puede ser el puente real entre la diáspora y el país.
Pero para eso se necesita lo que dice el título: gerencia, diplomacia, sensibilidad y capacidad probada.
No más favores. No más improvisación. El dominicano de afuera ya pagó demasiado por este país como para que le paguemos con un mal servicio.
Si queremos una diáspora de primera, necesitamos consulados de primera.


Trump elige a Susie Wiles como jefa del gabinete en Casa Blanca
Abinader entrega muelles en Río San Juan y Cabrera para la pesca
Primer Ministro Haití seguirá en Puerto Rico, su futuro es incierto
La arquitectura de la república (VI): el difícil arte de decidir qué hacer
Banreservas destaca actuación dominicana Centroamericanos
Salud reconoce Banco BHD por promover la lactancia materna
El Consulado requiere gerencia, diplomacia y capacidad probada
Entérate NY (OPINION)
La violencia: desafío para la salud pública (OPINION)
Alexis Peguero destaca hazaña histórica del atletismo en JCC
PRM: ¿consenso o secuestro? (OPINION)
José Luis Ramírez: “El karate volvió a cumplir con la RD”
Leonel Fernández y Felipe Payano felicitan RD por los JCC


